"Giovana"
Estaba disfrutando tanto conversar con la tía Luana y Hana, pero entonces Melissa llegó con Fernando y sentí como si no debiera estar ahí. Mientras Melissa se inclinaba en la cama para abrazar a Hana salí en silencio y me paré al lado de Anderson afuera, lejos de la puerta, pero no logré contener las lágrimas.
—Ven acá, fierecita.
Anderson me jaló y pasó el brazo por mi hombro, reconfortándome en su abrazo, y con la otra mano hizo una caricia en mi cabeza. Me asusté, no esperaba que hiciera eso, pero pasé los brazos por su cintura y lloré.
—Sé que es importante para ti y sé que estás triste, pero no podemos salir de aquí ahora. —Habló bajito para mí, mientras sus dedos se movían en mi cabeza.
—Lo sé. —Sorbí y dejé caer las lágrimas. Me mantuvo en su abrazo, era tan cómodo, su olor era tan bueno, parecía calmar mi corazón. —Estoy tan avergonzada, fui tan mala con ella.
—¿Y no deberías decirle eso a ella? —Preguntó y sabía que debería disculparme.
—Debería, pero no puedo. —Sollocé y seguí llorando. —Me da vergüenza lo que hice. Ya no le gusto.
—Ah, fierecita, no es así. Es tu amiga y los amigos se pelean. Pero necesitas reconocer que te equivocaste y disculparte, principalmente si es importante para ti. ¿Es importante? —Preguntó, con calma y la voz muy baja.
—¡Es muy importante! —Admití. —¡Pero no puedo, Anderson!
—Ah, mi linda, sé cómo es sentir esa vergüenza que parece hasta que uno va a morir, ¿verdad? —Habló e hice que sí. —Pero después de que uno hace lo correcto, siente un alivio tan grande que parece hasta que queda más ligero.
—¿Pero y si no me escucha? ¿Y si no me perdona? ¿Y si Fernando me odia tanto que ni siquiera la va a dejar ser mi amiga otra vez? —Tenía tantas dudas, tantas preguntas, tanto miedo, tanta vergüenza.
—Ah, lo dudo mucho. Creo que te va a escuchar y, si eres muy sincera, va a entender que estabas pasando por un momento en que veías todo distorsionado, que no hablaste realmente desde tu corazón. Y en cuanto a Fernando, piensa, si no fuera una buena persona, ¿se habría casado con él? Porque ella es lista e inteligente. —Me hizo pensar y tal vez tenía razón.
—Es una buena persona. Siempre fue gentil conmigo. No le importaba que ella pasara tiempo conmigo. —Sorbí, las lágrimas no paraban de caer, porque me dolía mucho que Melissa no me quisiera.
—Entonces será justo y te perdonará. —Habló con tanta confianza, haciéndome pensar por un momento.
—No sé si estoy lista. —Confesé.
—¿Algún problema? —Escuché la voz de mi papá detrás de mí y me estremecí.
Volteé mi rostro hacia él y vi sus ojos afligidos pasar de mí a Anderson y después mirar hacia el cuarto de Hana, pero Anderson mantuvo el abrazo que me daba. Mi papá puso la mano en mi cabeza.
—Hija, ¡necesitas resolver esto! —Habló con gentileza.
—¿Podemos ir a esperar afuera, papá? —Pregunté, no quería ver la mirada de rabia y decepción de Melissa.
—¿No es mejor enfrentar lo que hiciste, Gi? ¿Y disculparte? —Mi papá me estaba diciendo lo que debería hacer, pero dejando la decisión conmigo.
—Sé que sí, pero ahora no. —Supliqué y me encaró un poco más.
—Anderson... —Pero Anderson ni esperó lo que iba a decir.
—¡Yo la cuido, jefe! Voy a llevarla a tomar un jugo aquí enfrente. Cuando se calme volvemos. —Anderson avisó y me sacó de ahí, solo lamenté salir de su abrazo.
—¿Cómo sabes eso? —Pregunté y sonrió.
—Hana me contó. Entonces, ¿tienda de regalos?
—Bueno, tienda de regalos, solo necesito pedirle dinero a mi papá.
—No necesitas, fierecita, déjamelo a mí, es mi gusto.
—Pero, Anderson...
—¡Sin discusión!
Salimos de la cafetería y fuimos a la tienda de regalos del hospital, me ayudó a elegir una caja de regalo con varios zapatitos y calcetines de colores. Escribí una tarjeta y la chica de la tienda la puso en una bolsa linda con papel arcoíris saliendo de adentro y un lazo de colores bonito. Anderson todavía agarró un florero de orquídeas blancas y la chica se esmeró en el lazo.
Llegamos a la recepción del hospital y pregunté por Fernando, me identifiqué, expliqué que necesitaba hablar con él y con mucho cuidado convencí a la recepcionista y ella llamó a Fernando y después autorizó nuestra entrada. Nos mandó al último piso, a su oficina y mientras el elevador subía mi corazón se disparaba y me fui poniendo nerviosa. Y ahí sentí los dedos de Anderson rozar los míos y apretó delicadamente mi mano en la suya.
—Calma, ¡va a salir todo bien! ¡Estoy contigo! —Habló y sonrió. Sentí que mi corazón se calmó un poco, no estaba sola y tenía que hacer eso.
Caminamos hacia la oficina de Fernando y vi la puerta abierta, miré a Anderson y me dio una sonrisa llena de confianza. Entonces llegué hasta la puerta y di un toque suave.
—¡Entra, Giovana! —La voz de Fernando fue suave y gentil.
Entré con la cabeza baja, él y Melissa estaban de la mano, de pie cerca del escritorio. Caminé hasta ellos y parecía haber una columna de concreto sobre mi cabeza y no lograba levantarla, pero necesitaba, mi papá siempre me dijo que las conversaciones importantes deben ser ojo a ojo y eso era muy importante. Levanté la cabeza y los encaré.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....