Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1254

"Hana"

Ya me estaba sintiendo mejor, pero Vinicius, muy cauteloso, quiso mantenerme en observación por más tiempo, incluso con mis protestas de que necesitaba volver al trabajo.

—Hana, los resultados de los exámenes todavía no me llegan y no te voy a dar de alta antes de verlos. —Vinicius me avisó una vez más.

—¡No discutas con tu médico, Nana! Él sabe lo que hace. —Mi tío me avisó y tuve que estar de acuerdo, al final los médicos eran ellos.

—Está bien, me quedo. Solo necesito avisarle a Fernando y, Vinicius, ¿dejas entrar a Giovana y Anderson? —Pedí, imaginé que Giovana podía estar sintiéndose dejada de lado.

—Está bien, voy a autorizar, pero no pueden hacer mucho ruido. —Avisó e hice que sí. —¡Y necesitas comer! Voy a pedir que manden tu comida.

—Voy a avisarle a Giovana que vas a autorizar la entrada y avisarle a Fernando lo que pasó. —Rafael tomó el celular.

—Ah, no te preocupes, a Fernando ya le avisé. —Mi tío habló y Rafael agradeció.

Rafael llamó a Anderson dando la noticia. Pude escuchar el gritito de Giovana. Cinco minutos después Giovana entró corriendo y se inclinó sobre mí, dejando a todos ahí curiosos con su reacción.

—¡El tío Rubens nos contó todo, Hana! ¿Qué tienes en la cabeza, salir de tu escritorio sabiendo de todos los peligros y todavía ir a la cafetería con ese tipo que el tío Rubens dijo que es extraño? ¡No puedes hacer eso, Hana! ¡Nos morimos de preocupación! —Giovana fue hablando todavía abrazada a mí.

—¡Perdón, Gi! No quería preocuparlos. Solo pensé que estaba segura aquí dentro del hospital. Y lo estoy, ¿no? Mira, estoy bien. —Argumenté y se levantó y me encaró.

—¡Por poco, Hana! —Me miró bastante seria. —No puedes andar por ahí sola, ¡por lo menos no mientras haya tantas personas queriendo hacerte daño! Rayos, sé que fue mi culpa que te quedaras sola. Si no hubiera hecho lío en la escuela mi papá estaría aquí y le habría dado una lección a ese tipo. —Sus ojos se humedecieron. —¡Perdón! Prometo que me voy a portar bien y mi papá no va a ser llamado más a la escuela. Y tú no vas a quedarte sola más.

—Oh, querida, ¡no fue tu culpa! —Pasé la mano por su rostro secando las lágrimas. —Yo fui la irresponsable. Pero realmente pensé que nada malo podía pasar, porque no iba a salir del hospital y mi mamá tenía prohibido entrar, ni siquiera sé cómo entró.

—¡Fue mi culpa! Pero voy a ser buenecita ahora y me voy a portar bien, ¡te lo prometo! —Habló y vi por el rabillo del ojo la sonrisita de Rafael encontrando bueno que su hija decidiera portarse bien. —¡Pero tú también vas a prometer ser más lista!

—¡Lo prometo! Voy a dejar de pensar que nada puede salir mal. Pero, cuéntame, al final, ¿qué pasó en la escuela? —Pregunté y se puso medio avergonzada.

—Peleé con la profesora de matemáticas. —Respondió simplemente.

—Cuenta por qué, Gi. —Rafael habló y parecía estar divirtiéndose.

—¡Papááá! —Se quejó. —¿Puedo contarte después? —Me preguntó y ya estaba imaginando que tenía algo que ver con su guardia.

—Está bien, ahora ya viste a Hana, necesitas comer y volver al castigo. Anderson, ¿llevas a Gi a almorzar, por favor? —Rafael se acordó muy temprano del castigo.

—Ya almorzamos, papá. Anderson me convenció de ir al restaurante aquí al lado mientras esperábamos. —Giovana respondió y Rafael miró a Anderson sorprendido y él solo se encogió de hombros. —Pero no me voy a casa sin Hana.

—Gi, el castigo. —Rafael avisó y lo encaró, como si conversaran con la mirada.

—Jefe, vaya a almorzar, deje que la fierecita se quede un poco más con Hana. Dijo que después puede quedarse castigada un año entero. —Anderson intervino, sensato como siempre.

—¡Anderson! —Giovana lo miró y él rio.

—Tú lo dijiste. —Bromeó y ella cruzó los brazos irritada.

—Rafael, vamos a almorzar, yo también tengo hambre. Deja que las chicas chismeen un poco. —Mi tío llamó a Rafael y estuvo de acuerdo y me dio un beso en la frente diciendo que volvía pronto. —¿Ya almorzaste, querida?

—Ya, Yuyu, sabes que almuerzo temprano. —La tía Luana le dio un beso al marido. —Y aunque no hubiera comido, quiero chismear. —Me guiñó el ojo.

—Era médico de mi papá. Mi papá necesitó una cirugía de emergencia y fue Yuyu quien lo operó. ¡Salvó a mi papá! Y yo estaba acompañando todo y me quedaba fascinada con lo inteligente y competente que era. Y siempre fue tan gentil. Lo admiré primero, reconocí lo amable que era y solo después me enamoré. —La tía Luana volvió en el tiempo, con los ojos brillando.

—¡Qué lindo! —Giovana comentó.

—Lo fue. El día de la cirugía de mi papá, cuando salió del quirófano, yo estaba sentada llorando y él se acercó y puso la mano en mi hombro, me dijo que me quedara tranquila, que mi papá tenía buenas chances de recuperarse. Me colgué de su cuello y lloré. Él solo me abrazó gentilmente y me dejó llorar. Y cuando mi papá salió del hospital yo ya estaba enamoradita de Yuyu. Me enamoré de su gentileza y después vi todo lo demás, ¡es perfecto! —La tía Luana sonrió, no escondía que moría por mi tío.

—Y tu papá, ¿qué pensaba? —Giovana estaba tras una referencia.

—Mi papá me dio apoyo. Y Yuyu siguió cuidando a mi papá y un día, después de una consulta, tomé valor y dejé una notita con la secretaria, diciendo lo encantada que estaba por él y dejando mi teléfono. Me llamó y un año después nos casamos. ¡Y han sido los mejores años de mi vida! —La tía Luana tenía una sonrisa contagiante.

—¡Qué lindo! Creo que me gusta Anderson así. —Giovana habló bajito. —Porque primero estaba muy enojada, pero entonces empecé a ver lo responsable y gentil que era y... hoy peleé con la profesora de matemáticas porque coqueteó con él. —Giovana confesó y mi tía soltó una risa alta y yo también empecé a reír. Contó todo lo que había pasado en la escuela y cómo Anderson la había defendido.

—¿Peleaste con la profesora porque tuviste celos, Gi? —Pregunté e hizo que sí.

—Rayos, Hana, coqueteó con él en mi cara. —Giovana se quejó y reí.

—¿Y él lo sabe? —La tía Luana preguntó.

—No... no sé... no le dije. ¡Es difícil, tía! —Giovana la encaró y mi tía solo hizo que sí.

—Te voy a dar un consejo, mantén al guapito cerca lo máximo que puedas. Sean amigos, deja que el tiempo pase y si más adelante tiene que ser, querida, será. Lo que tiene que ser tuyo, nada ni nadie puede quitártelo. —La tía Luana aconsejó y Giovana hizo que sí.

Y fue en ese momento que Melissa y Fernando entraron y vi la tensión en los hombros de Giovana y la tristeza en sus ojos. Quería abrazarla y decirle que todo estaba bien, pero sabía que necesitaba resolverse con Melissa.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)