"Rafael"
Cuando Rubens me dijo que Hana no estaba en su escritorio sentí el mundo desmoronarse a mi alrededor, eso no debería estar pasando, Hana me prometió que no saldría de ahí y no debería haberla dejado sola, porque Hana es un tanto intrépida, incluso habiendo pasado por todo lo que pasó, todavía parecía no evaluar el peligro antes de ir hacia él.
—Papá, ¿qué está pasando? —Giovana preguntó mientras hablaba con Rubens, estaba muy nervioso y todo lo que pensaba era que si no hubiera salido de ese maldito hospital ella estaría segura.
—Giovana, ¡ahora no! —Respondí, pero no se conformó.
—¡Ah, ahora sí! ¿Qué le pasó a Hana? ¡Quiero saber! —Giovana me encaró sin ningún miedo y con expresión feroz.
—Dios, ¿no podías haberme dado una hija de personalidad más afable, una que no fuera tan atrevida y le gustara tanto probar mi paciencia? —Me froté la mano en la cara y cuando encaré a Giovana me estaba mirando con los brazos cruzados.
—Él mandó decir que te dio lo que te mereces, papá. —Respondió toda graciosa.
—¡Llena de gracia! Giovana, Hana no está en su escritorio. Y no sé dónde está ni Rubens tampoco. Tengo que volver al hospital. —Empecé a hablar apresurado, ya caminando hacia la puerta.
—¡Voy contigo! —Giovana se adelantó y la miré sin paciencia.
—Giovana, ¡estás castigada! —Le recordé.
—¡Voy contigo! Después puedes castigarme por un año si quieres, pero voy contigo. ¡Yo también me preocupo por Hana! Y si no voy contigo, me escapo y voy sola. —Me encaró, con esos ojitos brillando como diciéndome que la desafiara a intentar.
—Jefe, vamos, yo manejo y vigilo a la fierecita, tú te concentras en la llamada con Rubens y en encontrar a Hana. —Anderson se acercó y tocó mi hombro.
No tenía tiempo para esa pelea entonces cedí, como Hana me había dicho más temprano, ella y Giovana habían establecido una especie de vínculo, una se preocupaba por la otra, se estaban llevando bien y eso era bueno de todas formas.
—Está bien, ¡vamos! Pero tú, Anderson, serás el responsable de ella mientras estemos fuera y si hace cualquier cosa que no debe, ¡los castigo a los dos! —Avisé y me dio una sonrisita torcida.
—¡Está bien, jefe! ¿Vamos en mi carro o en el tuyo? —Me preguntó y le entregué las llaves.
Corrimos al elevador y mientras bajábamos al estacionamiento Anderson encaró a Giovana. Observé a los dos mientras esperaba a que Rubens llegara a la tal sala de vigilancia del hospital.
—¿Qué te hizo pensar que podrías escaparte de mí, fierecita? —Preguntó y, si no estuviera tan tenso, me habría reído, porque parecía molesto con ella.
—Anderson, me escaparía, te garantizo que me escaparía, pero como no necesito escaparme, ¡prometo que me voy a portar bien! —Giovana le dio una sonrisa, y él negó con la cabeza.
—Fierecita, fierecita, ¡vas a dejar a tu papá y a mí con canas! —Respondió con un toque de humor, haciéndola abrir aún más la sonrisa. Por lo menos le había prometido a él portarse bien.
Mientras Anderson manejaba rápidamente al hospital, iba escuchando lo que Rubens decía y cuando me dijo con quién estaba Hana mi sangre se heló. Y entonces confirmó lo que temía.
—Giovana, voy a pedirle a Vinicius que los deje entrar, pero ahora espera aquí, ¡por favor! —Pedí y me dio la espalda y se sentó en la primera silla, no estaba nada satisfecha, pero iba a esperar.
—Voy a esperar, papá, pero en cuanto Hana pueda salir de aquí se va directo a casa, ¡aunque sea amarrada! Dices que yo soy terca, ¡pero ella es peor que yo! —Me avisó y me sacó una sonrisa. Fui hasta ella y le di un beso en la frente.
—Combinado, en cuanto pueda salir de aquí la llevaremos a nuestra casa. —Estuve de acuerdo y pasé la mano por su cabello. —Anderson, cuídala. —Sabía que no necesitaba pedirlo, pero era papá.
Entré y encontré la camilla en la que Hana estaba siendo examinada por Vinicius y con Rubens agarrado a su mano. Mi corazón se apretó al verla ahí, tan frágil. Tomé su mano y me acerqué, la llamé, pero parecía en otra dimensión.
—Quédate tranquilo, Rafael, va a estar bien, es solo tiempo para que el organismo libere la droga. —Vinicius avisó mientras la examinaba.
—¿Qué le dieron? —Quise saber, estar bien después de ser drogado era algo que podía no pasar.
—Rubens vio el video, dijo que le hicieron inhalar algo, puede ser éter, cloroformo, halotano, existen varias posibilidades, cualquiera de ellos causa esos síntomas y lo que podemos hacer es ofrecer soporte ventilatorio y observar. Pero pedí los exámenes y vamos a ver si conseguimos alguna pista. Quédate tranquilo, sea cual sea, los efectos van a desaparecer, solo necesita cuidados y tiempo. —Vinicius explicó.
—Jefe, ahora que llegaste, voy tras información de esos tres. —Rubens puso la mano en mi hombro. —¿Qué hago si los encuentro?
—No sé, es su mamá. Por mí la metería a la cárcel, pero creo que es mejor ver qué decide ella. —Respiré hondo. —Si los encuentras, mantenlos bajo vigilancia y llámame.
Observé a Hana con los ojos cerrados, inmóvil, pero apretando levemente mi mano. ¡Tan frágil! Tendría una conversación muy seria con ella cuando todo esto pasara, necesitaba cuidarse mejor, empezar a protegerse. Pero en ese momento, todo lo que me importaba era que estuviera bien.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....