Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1248

"Hana"

¡Mi psicogato se veía tan lindo ahí parado cerca de la ventana mirándome! Dijo que no quería distraerme, pero era imposible no distraerme con él ahí enfrente de mí. Pero recibió una llamada que aparentemente lo irritó.

—Mi flor, necesito ir a la escuela de Giovana. Parece que mi hija decidió armar lío con la profesora de matemáticas el primer día. ¿Será que Fernando te libera para venir conmigo? —Rafael se frotó las manos en la cara. —Parece que el huracán todavía no pasó.

—Qué extraño, Gi estaba tan tranquila esta mañana, hasta riendo. ¿Será que no es manía de la profesora? —Pregunté y soltó una risita.

—¡Listo, Giovana ahora tiene una defensora! —Bromeó.

—Psicogato, ella me defendió primero y con eso creamos una especie de vínculo en que una va a defender siempre a la otra. La vida es así, ¡conténtate! —Bromeé y recibí esa carcajada sabrosa que me dejaba feliz. —Pero no puedo ir contigo, tengo mucho trabajo y todavía es temprano para la hora del almuerzo.

—Entonces voy a llamar a Rubens para que deje todo y venga. Voy a esperar a que llegue. —Me respondió y tomó el celular.

—Psicogato, deja que el brutote termine lo que está haciendo y tú vas a la escuela de Giovana. Yo me voy a quedar bien quietecita aquí en mi escritorio, nada puede pasar aquí. Mi mamá tiene prohibido entrar al hospital y dudo que Frederico haya olvidado la visita de Melissa. —Intenté convencerlo, pero no parecía muy dispuesto.

—¡No te voy a dejar sola! —Me miró fijamente y reí.

—¡Ay, qué lindo! —Me levanté y fui hasta él. —Presta atención, amorcito, necesitas ir a la escuela de tu hija. El brutote necesita terminar de instalar el tal sistema de seguridad en mi departamento y yo necesito trabajar. Estoy segura aquí en mi escritorio, mi pequeña isla. Entonces puedes ir tranquilito que voy a estar bien y cuando llegue el brutote estaré quietecita en esa silla. ¡Hasta puedo pedir que traigan mi almuerzo del restaurante del hospital!

—¿Amorcito? —Me abrazó riendo. —Me gustó esa novedad. Pero también me gusta lo de psicogato.

—¿Sí? A mí también me gusta. —Reí y le di un beso. —Ve, me voy a portar bien.

—Hana, es en serio, ¿te quedas quieta en esa silla, por favor? —Preguntó bien serio.

—Me quedo quieta, pensando en ti, en la mesa de tu oficina, en la escalera del bar, en esa cómoda linda que tienes en tu departamento, en tu cuerpecito sabroso y todo eso. —Pasé las manos por su abdomen, parando en el límite de lo escandaloso.

—Así te llevo conmigo y después de que deje a Giovana en casa, ¡te llevo a mi oficina! —Bromeó y me dio un beso. —Voy a confiar en ti, ¡no salgas de esa silla!

—¡No voy a salir! —Le garanticé y me dio otro beso antes de irse.

Y realmente no pretendía salir de mi escritorio, hasta que mi teléfono sonó, una llamada interna del hospital, y una de las telefonistas del hospital me dijo que mi tío me estaba llamando en su consultorio y que era urgente. Eso era una novedad, generalmente mi tío venía a mi piso. Pero si estaba llamando debía ser urgente de verdad y con certeza importante.

Le avisé a Fernando que iría al consultorio de mi tío y salí de mi escritorio, sintiéndome culpable por salir de mi silla siendo que le había dicho a Rafael que no lo haría, pero con certeza entendería que mi tío me necesitaba. Entonces, cuando me paré frente a su secretaria y dije que me había llamado me miró como si estuviera realmente loca.

—No, Hana, pero tu tío no puede haberte llamado, está en cirugía ya hace bastante tiempo y acabo de llamar al centro quirúrgico y todavía no termina. —La secretaria de mi tío respondió.

—¡Pero qué extraño! La telefonista me dijo que pidió que viniera, que era urgente. —Comenté y frunció las cejas.

No estaba cómoda, pero estaba dentro del hospital, bastaba un grito y tendría un montón de gente ayudándome, todos ahí me conocían. Pero debería haber escuchado mi instinto y haber rechazado y alejarme de Lenon. Porque cuando el elevador abrió la puerta en el piso de la cafetería y salimos, una mano pesada agarró mis cabellos y me jaló.

—¡Quietecita! Vas a venir conmigo sin dar escándalo, es por tu propio bien. —Mi mamá apareció enfrente de mí, usando una peluca de cabellos blancos, sombrero negro y lentes, casi irreconocible, y reconocí ese jalón de cabello, era Gregorio, su marido, quien me sostenía.

—¡Suéltame, Gregorio! ¡No voy a ir con ustedes a ningún lugar! —Intenté soltarme, pero cuanto más intentaba alejarme, más jalaba mis cabellos.

—¡No te suelto! —Gregorio habló firme. —Vienes con nosotros y vamos a conversar, Hana, vas a aprender a respetar a tu madre y a mí.

—¡No voy a ir con ustedes a ningún lugar! ¡Suéltame! —Intenté gritar, pero tapó mi boca con la mano y en ese horario no había casi nadie en la cafetería, pues ya era casi hora del almuerzo.

—Lenon, muchas gracias por la ayuda, ahora es mejor que te vayas, querido. —Asistí en shock a mi mamá despidiéndose de mi vecino, toda amable.

Gregorio abrió la puerta de la salida de emergencia y me empujó adentro, pude ver allá una silla de ruedas. No sabía qué iba a hacer con eso, pero sabía que no era bueno.

—Hana, Hana... intento mucho que te comportes, que seas buenecita, pero estás muy rebelde, portándote muy mal. —Gregorio habló cerca de mi oído y sentí el miedo subiendo por mis piernas.

—¡Suéltame, Gregorio! —Me quejé, intentando librarme de su mano en mi boca, e hizo que no.

—¡Tu madre quiere hablar contigo! Alguien necesita hacerte ver las cosas equivocadas que estás haciendo, Hana. Por eso te vamos a llevar a casa y ponerte en tu lugar. —Habló y temí que algo muy malo estaba por pasar y lo último que vi fue a mi mamá poner un pañuelo en mi nariz y listo, estaba todo oscuro.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)