Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1075

"Melissa"

No entendí qué estábamos haciendo ahí, en esa casa frente a la casa de Catarina. Estaba iluminada y parecía haber muchas voces allá adentro. Miré a Catarina que tenía esa sonrisa convencida de quien sabía algo pero no lo contaría.

—No van a contar. —Ya sabía que no y negaron con la cabeza riéndose.

—Anda, Mel, vamos a entrar. —Samantha me apuró.

Entramos a la casa, era una casa tan linda, ya la había notado hace mucho tiempo y cuando supe que los dueños se mudaron me quedé atenta, estaba esperando que la pusieran en venta para tratar de convencer a Fernando de que sería perfecto mudarnos cerca de nuestros amigos, pero la casa aún no había quedado disponible, o al menos eso fue lo que me dijo el corredor unos días atrás.

Sin embargo ahora estaba aquí, pero ¿qué estaba haciendo aquí? A menos que Catarina hubiera hablado con Fernando y la sorpresa fuera esa, porque le había comentado sobre la casa. ¿Será que Fernando me iba a proponer comprar esa casa y mudarnos? ¡Ah, si fuera eso con certeza diría que sí! Pero antes de decir que sí a esa casa necesitaba contarle lo que venía guardando en secreto y eso me aterrorizaba, porque sabía que él no quería y podría ser nuestro fin y eso me devastaría, porque amaba mucho a Fernando y no lograba imaginar mi vida sin él.

Las chicas estaban casi empujándome hacia la puerta que daba acceso al jardín y cuando vi lo que estaba pasando ahí me paralicé. Muchos rostros conocidos y queridos, los papás... ¿cuándo llegaron de Campanario? No lograba entender, Fernando no reuniría a tanta gente solo para proponerme comprar una casa.

Y entonces presté atención al lugar donde él estaba, era idéntico, había reproducido ahí un pedazo de la plaza de Campanario, el lugar donde nos dimos nuestro primer beso. La morera, el poste de luz, el banco de madera pintado de blanco, hasta el piso alrededor, desde donde estaba, parecía ser el mismo. ¿Qué significaba todo aquello? No lograba dar un paso más y mi papá apareció a mi lado.

—Vamos, hija, estoy contigo. —Mi papá susurró en mi oído y me llevó por entre toda esa gente, directamente hasta Fernando.

¡Ah, Fernando! ¡Estaba tan lindo en ese traje grafito! Y las cosas que me dijo, mucho más de lo que soñé escuchar de él. Pero ahí hizo la propuesta y fue mucho mayor que pedir que esa casa fuera nuestra, me pidió matrimonio, esa propuesta que esperé por tantos años y que antes habría saltado a su cuello gritando que sí, pero ahora, con el secreto que estaba cargando, no podría.

Estaba desesperada, quería decir que sí, pero no podía. Sentí como si algo me aplastara por dentro y comencé a llorar de dolor, de desesperación, de completa tristeza. Necesitaba contarle y enfrentar las consecuencias. Pero él no me dejaba hablar, garantizó que diría que sí y aún dijo que tenía más que contarme, ¿qué más podría querer decirme?

Lo miré, aún no había dejado de llorar y él me miraba de esa manera medio tímida, con la cabeza medio de lado y una sonrisa dulce, con los ojos brillando de emoción. No sabía qué decir, pero aún no había terminado. Solo hizo un gesto con el dedo señalando hacia adelante y ese sonido de los corazones acelerados volvió a resonar.

Miré hacia adelante y Pedro estaba entrando sosteniendo un cartel que decía: "Madrina, tienes que decirle que sí al padrino." Sonreí a mi pequeñito todo lindito con camisa blanca, corbata de moño, bermuda y tirantes, sosteniendo ese cartel lleno de determinación y la sonrisa igual a la del papá en el rostro. Entonces Hugo, hijo de Heitor y Sam, vestido igual que Pedro, entró con otro cartelito que decía: "¿Sabes por qué tienes que decir que sí, tía?"

Miré de lado a Fernando y estaba sonriendo, ese sonido de latidos de corazón estaba llenando el aire y estaba cada vez más nerviosa. Entonces Manu entró con Azucena, que reía y se balanceaba en el regazo de la mamá, con un vestidito azul y blanco, de mangas abombadas, con un lazo blanco como si fuera una corbatita. El cartelito que traía decía: "Tienes que decir que sí, porque se aman. Y se aman tanto que el amor se multiplicó."

Mi cabeza giró y fue como si mi sangre se congelara en las venas. Ahora, además de escuchar el sonido de los latidos de corazón que resonaba por el sistema de sonido, escuchaba mi propio corazón latiendo acelerado en mis oídos. Y mi cerebro parecía haber dejado de funcionar, como si no lograra pensar más. Fernando apretó levemente mi mano, jalándome de vuelta del espiral de locura en el cual estaba entrando.

—No te vuelvas loca, abejita, aún no termino. —Susurró en mi oído, como si pudiera leer mis pensamientos. Pero podía, me conocía hasta por dentro, me leía, leía mis emociones en mi rostro, era incapaz de esconder cualquier cosa de él. Mis ojos volaron hacia los suyos, pero no era posible que supiera, no podría saber.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)