Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1060

"Melissa"

Me levanté del sofá donde estaba conversando con Catarina para atender la puerta, sorprendiéndome al ver a Giovana parada ahí, toda arregladita, con una sonrisa contagiante y el brazo en cabestrillo.

—¡Hola, Mel! —me dio un abrazo apretado.

—Ah, pero mira quién apareció. Te estaba extrañando. ¿Por qué no te he visto? —quise saber, pues no la veía hace días.

—Estuve pasando unos días en casa de mi abuela, después de que salí del hospital mi papá me llevó para allá, pensó que necesitaba a alguien que me cuidara todo el tiempo —explicó y entendí por qué Rafael estaba cenando con los amigos el día que la hija sufrió el accidente.

—Hizo bien. Mira, esta es mi amiga Catarina, casada con Alessandro, que tú dices que está guapísimo —bromeé y se sonrojó un poco.

—Mi marido sí está guapísimo —Cat se rió y la saludó.

—Pero tú también eres muy linda —Giovana abrazó a Catarina.

—Tengo algo para ti, Gi. Voy a buscarlo —fui hasta el cuarto y tomé la bolsita con el regalo—. ¡Feliz cumpleaños! No pude verte ayer.

Le di un abrazo apretado y ella abrió el regalo con una sonrisa muy grande.

—¡Un diario de viajes! —pareció emocionada.

—Para cuando vayas a conocer el mundo. Sé que quieres hacerlo —le sonreí.

—Mel, ¡me voy! —me miró con los ojos llorosos—. Mi papá decidió dejarme ir a Australia, vine a despedirme, viajo hoy mismo.

—¿Estás bromeando? —la miré sorprendida.

—Fue después del accidente en la escuela. Él arregló todo y me voy. Voy a estar seis meses allá, pero mi papá cree que no voy a volver —se limpió las lágrimas antes de que cayeran—. ¡Me voy a morir de nostalgia, Mel!

—Ay, yo también, pero esta es una oportunidad increíble para ti. Ve, disfruta mucho y me llamas siempre que quieras —la apreté en mi abrazo. La iba a extrañar.

—Tengo que irme, mi papá me está esperando —Giovana se levantó y se despidió, pero antes de pasar por la puerta me miró otra vez—. Mel, ¿puedo pedirte algo? —asentí y continuó—. No dejes que esa Hana haga tonto a mi viejo.

—¿Hana? —pregunté sin entender.

—Sí. Cenó en casa anoche, haciéndose la buenita, pero yo no le creo, Mel, no después de que peleó con mi papá. Solo que él cree que está siendo sincera con él, pero yo sé que no es así —Giovana me miró como suplicando.

—Gi, Hana es una excelente persona, pero voy a estar atenta, puedes estar tranquila —la tranquilicé y se fue.

—Hana cenando en casa de Rafael... ¿qué raro, no? —comenté y Catarina se rió.

—¿Estás perdiendo al admirador, Mel? —bromeó Catarina.

—¡Ay, Cat! —me reí—. Te voy a contar lo que pasó... —le conté todo a Catarina y prestó atención a cada detalle.

—Sí, con todo eso queda medio raro que haya ido a cenar a su casa —comentó Catarina—. Pero claro que le vas a preguntar.

—¿Preguntar, Catarina? ¡Claro que no! Voy a hacer que se sienta tan mal por estar escondiéndome esto que va a necesitar contarme todito —le sonreí a Cat.

Y fue como si todo estuviera a mi favor. A la hora del almuerzo el portero me avisó que Hana estaba en la portería, autoricé la entrada y la esperé con la puerta abierta.

—¿Aquí es donde hay una enfermita que necesita comidita? —salió del elevador toda animadita.

—¿Hasta ahora apareces? —me quejé como si estuviera lloriqueando—. Qué amiga descuidada, te mandé mensaje ayer, necesitando compañía y me desechaste y hasta ahora vienes aquí a ver si estoy viva.

—¡Mel, no seas dramática! —sonrió—. ¡Hola, Cat!

—¡No estoy siendo dramática! Estaba sola, necesitando compañía, pero la señorita estaba demasiado ocupada para su amiga. Casi me fui al apartamento de Rafael. Él por lo menos me habría hecho compañía —estaba exagerando, pero la idea era esa. Se puso tensa cuando hablé de Rafael.

—Mel, me preguntaste si tenía compromiso. No me dijiste que me necesitabas —me recordó.

—Sí, pero tú tampoco preguntaste —fingí estar haciendo berrinche—. ¿Qué estabas haciendo tan importante que no podías cancelar para quedarte con tu amiga? —jamás actuaría así, pero quería ver qué iba a hacer.

—¡Ni hablar, Mel! —resopló—. Pero el problema es que besa muy bien y él es... —suspiró tratando de encontrar la palabra.

—¿Él es qué, Hana? —preguntó Catarina ansiosa y Hana volteó la pantalla del celular hacia nosotras.

Una foto de Rafael en calzoncillos, como si estuviera en un anuncio de "Calvin Klein" y en el pie de foto el mensaje: "¿Quién le tiene miedo a quién? No fui yo quien salió corriendo."

—¡Dios mío! Guapísimo, muy guapísimo, Hana —comentó Catarina y eché un vistazo.

—¿Qué vas a hacer con todo esto, Hana? —pregunté.

—¡Melissa! ¡No voy a hacer nada! —respondió.

—Ay, sí vas, sí vas porque un hombre guapísimo así no lo vas a dejar pasar sin hacer una prueba de manejo —se rió Catarina—. Tú provocaste, amiga mía, ¡ahora baja a la cancha a jugar!

—Chicas, yo no voy a... —pero antes de que continuara ya estaba respondiendo el mensaje—. ¿Qué estás haciendo, Melissa? —me miró asustada, Catarina soltó una carcajada y le entregué el celular a Hana.

—Te estoy ayudando a continuar con las investigaciones —comenté—. Chicas, miren cómo guardó el contacto del pobrecito —Hana era todo un personaje.

—¡No, Melissa, no hiciste eso! —estaba roja como un chile leyendo el mensaje: "Disculpa demorarme en responder, estaba recuperando el aliento."

—Ahora, Hana, espera y vamos a descubrir qué quiere tu chico malo contigo —acababa de hablar cuando su celular vibró.

—Ay, Dios mío, respondió —se cubrió los ojos por un momento antes de leer el mensaje—. "Podría haber hecho respiración boca a boca si me hubieras avisado. Te salvaría la vida otra vez." ¿Qué hago, chicas?

—Escribe ahí, Hana, tal vez la próxima vez. Así nomás. A ver si te manda otra foto, mostrando lo que está escondiendo el calzoncillo —empecé a reírme y envió el mensaje.

—Mel, creo que ese calzoncillo no estaba escondiendo mucho —empezó a reírse Catarina.

La tarde pasó agradable, con esas dos ahí, haciéndome olvidar todo lo que me agobió el día anterior y las llamadas de Fernando preocupado por mí también fueron un bálsamo en mi corazón. Catarina tuvo que irse a casa más temprano por los niños, pero Hana se quedó un poco más conmigo. Ya era casi la hora de que llegara Fernando cuando se fue, había mandado un mensaje diciendo que ya venía camino a casa. Me di un baño y lo esperé. El día se había llevado ese peso que sentí la noche anterior, pero aún me sentía un poco decepcionada. Sabía que se me iba a pasar, era solo cuestión de acostumbrarme.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)