Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1044

"Melissa"

Hana y yo estábamos de pie frente a Lince Mundi esperando a Enzo. Ella parecía más animada desde que salimos del apartamento. Enzo vino hacia nosotras con una mano en el bolsillo del pantalón, caminando con esa confianza típica de un Martínez y esa media sonrisa adorable. Era un muchacho muy guapo y ¡se convertiría en un hombre que quitaría el aliento!

—Pero mira nada más, Mel, ¿de dónde sacas a estas mujeres hermosas? —Enzo ya llegó siendo un galán como el tío.

—Compórtate, Enzo, le dije que eras un muchacho serio. —Me reí. —Esta es Hana, asistente de Nando. Hana, este es Enzo.

Se saludaron y Enzo todavía hizo una gracia elogiando los ojitos achinados de ella. Este chico no era tonto, sabía encantar a las mujeres. Nos ofreció un brazo a Hana y el otro a mí.

—¡Vamos, divas! ¡El almuerzo corre por mi cuenta! —Sonrió y salimos caminando hacia el restaurante del otro lado de la calle.

Cuando entramos al restaurante vimos a Heitor, que agitó la mano invitándonos a su mesa. Me pareció gracioso que estuviera almorzando solo, pero después de que nos sentamos explicó que su acompañante había ido al baño. Y no tardé en descubrir quién era.

—¡Pero qué sorpresa agradable, dándonos el honor de su compañía, Srta. Lascuráin! —José Miguel jaló la silla a mi lado y se sentó, quedando entre Heitor y yo.

—Una coincidencia encontrarnos, José Miguel. —Respondí, sin querer dar mucha confianza, porque este muchacho se estaba poniendo más atrevido.

—Una feliz y agradable coincidencia. —Me miró por un momento. —¿Y esta joven que no conozco? —Se volteó hacia Hana que se puso colorada. Sí, tonta no era, porque este hombre estaba en una categoría de hombres que parecían semidioses, porque de tan guapos no podrían ser simples mortales.

—Esta es Hana, es asistente de mi novio en el hospital. —Aproveché para recalcar que estaba comprometida. —Hana, este es José Miguel, director financiero de la empresa.

—H-hola. —Parecía una adolescente tímida. Casi me río.

—Es un placer, señorita. —Le sonrió y podría jurar que se iba a desmayar de emoción.

—Srta. Lascuráin, no me dijo si los zapatos le quedaron bien. —Se volteó hacia mí otra vez.

—José Miguel, sabes que me quedaron bien, no eres el tipo de hombre que se equivoca con un regalo. Y examinaste mi zapato en el elevador, obviamente viste el número. —Lo encaré y me dedicó esa sonrisa confiada.

—¡Culpable! —Admitió de forma divertida. —¿Vas a volver a la oficina hoy? Porque Heitor sin ti no funciona.

—¿Te está complicando la vida? —Sonreí y encaré a Heitor. —Si llego a trabajar mañana y hay media pendiente en tu escritorio o en el mío, Heitor, estarás en problemas. —Lo amenacé y gruñó.

—Eres un soplón, Rossi. —Pero José Miguel estaba sonriendo y mirándome.

El almuerzo fue divertido y agradable, José Miguel era gentil y atento, se podía entender que las mujeres se le tiraran encima, la propia Hana estaba casi saltándole al regazo. Cuando salimos del restaurante, nos despedimos de Heitor y José Miguel, que besó mi mano y la de Hana y ella casi se desmayó de nuevo.

Pero no estaba convencida de que Hana estuviera así muy dispuesta a dar una oportunidad para cambiar su opinión sobre Rafael. Toda esa buena voluntad de agradecer y todo eso, había algo más ahí, algo que estaba presintiendo que no terminaría como ella quería.

—¿Qué opinan, chicas, de ir hasta allá hoy? —Enzo invitó.

—¡Yo me apunto! —Hana aceptó muy rápido, lo que me dejó aún más suspicaz. —¡Invita a ese guapo de la oficina, Enzo!

—¿José Miguel? Desiste, gatita, tiene una legión de fanáticas, pero está interesado en la que no puede tener, tipo amor platónico, ¿sabes? —Enzo me miró de reojo.

—No cuenten conmigo para esta noche, vamos a comprar lencería y quiero esperar a Nando en casa. —Dije, pero lo que iba era a dar libertad para que Hana hiciera lo que quería y sabía que Enzo me contaría todo después.

—Mmm, mírala, llena de ideas. —Enzo se rió. —Vas a enseñarle unas cosas a Luna, ¿no? ¿De la manera que les enseñas a las chicas? —Pidió, casi suplicando en realidad.

—Despierta, Enzo, ¿todavía no te has dado cuenta de que ya le estoy enseñando? —Lo encaré y entrecerró los ojos.

—Ah, pero ya debería saber que eso de mandar mensajes atrevidos cuando estoy lejos de ella solo podía haber salido de tu cabeza. —Sonrió. —¡Gracias, diosa! Me ha estado mandando cada mensaje...

Empecé a reírme y terminé dándome cuenta de que yo misma no estaba haciendo uso de los consejos que daba. Empecé a pensar en mandarle unos mensajes a Fernando, ¿quién sabe si no se pondría más ansioso por ir a casa? Las dos últimas noches habían sido excelentes y estaba ansiosa por una tercera y quién sabe si todas las noches volverían a ser excelentes. Tal vez Fernando estuviera volviendo a ser mi príncipe y necesitara un empujoncito. Nos subimos al coche y fuimos a la tienda de lencería, tenía algo ya en mente.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)