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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1040

"Melissa"

Flavio lograba dar información como si contara una historia de terror, dejando al oyente ansioso y tenso. ¡Hacía pausas dramáticas! Yo estaba casi saltándole encima, estaba ansiosa, con el corazón acelerado, la boca seca y las manos sudorosas. Quería que pudiera dar la información como un locutor de fútbol, hablando sin parar ni siquiera para respirar. Pero él se divertía haciendo ese suspenso.

—¡Ay, Flavio, habla de una vez! —Le pedí y se rió.

—Ah, adoro contarte las cosas. —Tenía esa sonrisa confiada en el rostro, llena de dientes perfectos y blancos. —Mel, el bar pasó por una crisis cosa de un año después de abrir. Al parecer su hija se enfermó, una infección pulmonar de tratamiento difícil, Rafael gastó mucho con la niña y descuidó el bar. Casi quebró, necesitaba capital y consiguió un inversionista. Alguien que le dio el dinero, pero permaneció en el anonimato, fue como un préstamo personal, que Rafael todavía está pagando, porque fue bastante dinero y esas cosas tienen unos intereses absurdos.

—En esa época él todavía no vivía allá en el edificio, se mudó hace apenas unos dos años. —Me acordé de eso. —¿Y quién prestó ese dinero? —Pregunté.

—Ese es el problema, todavía no lo sé. Debe ser un usurero y eso pondría a Rafael en una situación muy peligrosa. Pero todo lo que descubrí hasta ahora es que hace un pago semanal a una empresa de la cual no logré descubrir nada. Parece una empresa fantasma, pero tengo que investigar mejor. Eso demora.

—Está bien, pero ¿hasta ahí no hay nada malo con él? —Insistí.

—No, solo ese préstamo que es extraño. —Flavio me aseguró. —Ahí llegamos al ex novio de Hana. Qué personaje esa Hana, espiándote para Nando. —Flavio se rió.

—Ella es agente doble, lo espía a él para mí también. —Me reí de la situación.

—Su ex es un problema, Mel. —Flavio se puso serio. —Un tipito vulgar y lleno de problemas desde la adolescencia. Después de que la agredió y fue arrestado, se metió con gente de cuidado en la cárcel y terminó yéndose de lleno al mundo del crimen. Está metido con narcotráfico. Pero la parte interesante es que fue arrestado por agredirla hace más o menos unos tres años.

—¿En la misma época que Domani fue arrestado? —Me interesé.

—Fueron compañeritos de celda. Y parece que se hicieron amigos. Salió de la cárcel hace más de un año. ¿Y sabes quién es su abogado?

—Ni idea. —Dije ansiosa por el resto de la historia.

—El mismo abogado que trabaja en las acciones criminales de Domani. —Flavio sonrió. —Un figurón que cobra muy caro y el ex novio de Hana ni tiene dónde caerse muerto. Mel, Domani y ese ex novio tienen algún negocio, puedes confiar. Y yo lo voy a descubrir.

—Eso no es bueno, un amigo como Domani puede hacer mucho por ese cretino. —Comenté. —Pero, Flavio, ¿cómo logró salir?

—El proceso todavía está en fase de recurso. Como la condena todavía no es definitiva, el abogado encontró el vacío legal y lo puso en la calle. Pero fue arrestado en flagrante de nuevo ayer, agrediendo a Hana, de quien no se podía acercar y encima en posesión de drogas, pastillas que estaba vendiendo en el bar de Rafael. Como Rafael cedió las imágenes de las cámaras, hay autoría y materialidad más que confirmada, lo que ahora va a mantener al delincuentillo en la cárcel por mucho, mucho tiempo.

—Parece que hay un pero en esta historia. —Comenté.

—Sí, hay un pero. —Flavio estuvo de acuerdo. —Es aquí donde volvemos a Rafael. El ex novio estaba vendiendo drogas dentro del bar, Mel, y los guardias de seguridad confirmaron que siempre andaba por ahí. El tipo se niega a hablar cualquier cosa, pero la delegación de narcóticos va a investigar y por supuesto que van a pasar un peine fino en el bar, en todos los empleados y en Rafael. Además, por las imágenes, además del ex novio de Hana, fueron identificados dos tipos más ahí en actitudes sospechosas.

—¿Y tú crees que hay alguna posibilidad de que Rafael esté metido con eso? —Sentí una opresión en el pecho.

—Ah, pues es bueno que se ponga las pilas y empiece a hacer las cosas bien. —Señalé. —El zapato fue solo una gentileza de un compañero de trabajo y solo lo acepté por eso, porque fue una gentileza. Tal vez un poco para hacer que Nando saliera de esa zonita de confort en la que está, pensando que no necesita esforzarse para merecerme.

—Sabes que tienes mi apoyo. ¿Quieres que le dé una presionada?

—No, querido, gracias. Pero hay cosas que él necesita ver solo. No quiero un hombre, Flavio, que se mueva a presión, que necesite ser puesto contra la pared para hacer cosas por mí o para dar el siguiente paso en nuestra relación. —Expliqué.

—Entiendo, Mel, pero nos pusiste una mordaza, nos prohibiste a todos hablar sobre esto con él y no vamos a poder quedarnos callados por mucho tiempo, ni los chicos ni las chicas. Manu me contó que Cat está a punto de agarrar a Nando por las orejas y decirle unas cosas. —Flavio contó y yo ya me imaginaba que Catarina no estuviera contenta de tener que quedarse callada.

—Lo sé, Flavio, pero...

—¡Pero, no queremos que terminen por una idiotez, Melissa! —Flavio fue firme. —Nando está en un punto en que necesita que le toquen el hombro y tú necesitas ceder y liberarnos de esa mordaza que nos pusiste, porque queremos ayudarte y ayudar a Nando. Quien está afuera, loca, ve mejor las cosas.

—Está bien, voy a quitar las mordazas, como dices. Pueden hacer lo que quieran.

—¿Y vas a recibir de buena gana cuando traigamos a Nando al lado de la luz? —Flavio preguntó en tono de broma.

—No voy a terminar con él si su corazón está en lo que haga. —Le sonreí a Flavio. —Necesito irme, compañero. Cualquier cosa, cielo, me llamas.

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