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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1035

"Rafael"

Estaba bastante preocupado por los últimos acontecimientos y no sabía cómo resolver. Después de lo que pasó con Giovana la solución fue dejarla en casa de la abuela, por lo menos hasta terminar de organizar su viaje. Estaba muy molesto por tener que mandar a mi hija lejos, por causa de algo que no debería afectarla. Por lo menos ella quería irse. Miré la pantalla del celular y estaba entrando una videollamada de Raíssa.

—Hola, Rai. —Contesté con la voz cansada.

—Hola Rafa. Explícame, porque Gi está en casa de mi mamá y diciendo que va a hacer un intercambio en Australia. —Claro que Raíssa ya había hablado con Giovana.

—Porque las cosas aquí están complicadas, Rai. Y necesito que Gi esté lejos. —Expliqué.

—Ella no se lastimó en educación física, ¿verdad, Rafa? —Rai preguntó, muy seria, casi irritada.

—No, no fue así, pero pensé que tu mamá no necesitaba saber lo que realmente pasó. —Respiré hondo.

—Entonces cuéntame qué pasó realmente. —Pidió, ella era la única que sabía del lío en que me había metido, era mi amiga y confiaba en ella.

—La golpearon, una moto en la calle, pasó y le dio un golpe en la cabeza, con la caída, se quebró el brazo. Ella no vio quién fue y también está pensando que fue un intento de asalto, la convencí con la historia de educación física diciendo que en el hospital llamarían a la policía. —Expliqué.

—¡Y deberían haber llamado! Rafa, no me dijiste que esto era tan peligroso. ¿Cómo sabes que no fue un intento de asalto? —Me reclamó y tenía razón.

—Porque él me llamó, dijo que la próxima vez sería peor. Pero no va a tener próxima vez, por lo menos a ella no la va a tocar de nuevo. —Respiré hondo. —Mira, Rai, sé que siempre tomamos las decisiones juntos, pero desafortunadamente en este momento no tuve tiempo, ya metí toda la documentación.

—¿Y por qué no me la mandas? —Preguntó.

—Porque ella eligió quedarse con tu hermana en Australia un tiempo. Y voy a respetar eso. Rai, cumple dieciséis la semana que viene y la voy a emancipar, si decide ir a quedarse contigo en Japón irá por decisión propia. Lo que no puedo es permitir que siga corriendo riesgo aquí. —Me justifiqué. —Créeme, mi corazón está partido por dejarla ir.

—Rafa, ¿y tú? ¿Vas a hacer lo que ese hombre quiere? —Preguntó y no sabía qué decir.

—No quiero hacerlo, pero creo que no tengo opción. Si hubiera sabido que esto llegaría tan lejos, Rai, no me habría metido con él, pero ahora es tarde. Si no lo hago no sé qué hará. —Expliqué.

—¡Rafa, vende el bar! Vende y ven acá, ven a vivir aquí conmigo, con nuestra hija... —Trató de convencerme.

—No puedo, Rai, toda mi vida está en ese bar y el negocio es bueno, es lucrativo. Además, él me tiene en sus manos, no solo por el bar. —Confesé.

—¡Perfecto! Rafa, en cuanto pueda te voy a visitar. Por favor, piensa bien, no perjudiques a esas personas, tú mismo dijiste que son buenas personas. —Pidió y quería mucho poder decir que no haría lo que me habían ordenado, pero realmente estaba en un callejón sin salida.

—Voy a tratar de causar el mínimo daño posible, Rai, te lo prometo. Pero tampoco puedo arriesgarme a que ese hombre barra el mundo buscando a nuestra hija, tiene medios para eso. —Expliqué mi mayor temor.

—Está bien, te llamo mañana, pero si las cosas se ponen difíciles, deja todo y ven acá. —Pidió.

—Está bien. Gracias, Rai. —Me despedí de ella y sentí que el peso sobre mis hombros se hizo aún mayor. Ahora ya no sabía qué hacer, pero en el momento solo tenía en mente que necesitaba sacar a mi hija de este lugar.

Cerré los ojos y me ardieron con el recuerdo de la noche anterior. Dejé a Giovana en casa de la abuela y llamé a dos amigos, quedamos en encontrarnos en ese restaurante y cuando vi a Melissa sentada ahí, a pocos metros frente a mí, no sabía qué hacer.

Debería haber ido hacia ella, no me había visto, pero estaba con esa muchachita del hospital, una entrometida, y el novio llegó poco después. Estaba lleno de sonrisas y cariños con ella y sentí una puntadita de decepción y un sabor amargo en la boca. ¡Pero aquello era tan claro! La noche fue muy larga y pasé horas en ese restaurante fingiendo que no la había visto, solo después de que se fueron pude salir de donde estaba. Pero tenía la certeza de que esa muchachita del hospital me había visto.

Me tomé mi tiempo, me las arreglé, esperé tiempo suficiente para llegar y no encontrarlos en el elevador, pero fue en vano, cuando estacioné en el garaje del edificio los vi besándose en el carro y cuando bajaron, por la forma en que ella estaba sonrojada y con los ojos brillantes, sabía que estaban haciendo más que besarse. Me agaché en el asiento, para no ser visto y esperé otra vez, esperé el tiempo suficiente para no encontrarlos en el elevador. Pero ahora la imagen de él besándola no salía de mi cabeza, como si fuera un clavo perforando mi cerebro.

Respiré hondo y traté de calmar mi mente una vez más, necesitaba entender de una vez por todas que en esta historia nunca podría ser el príncipe, estaba destinado a ser el cazador. Pero ser el cazador tenía un precio demasiado alto que pagar y eso me consumiría antes de que lograra pensar en una salida.

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