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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1010

"Fernando"

Mi fin de semana con Mel fue tan bueno, que estaba molesto de que hubiera terminado. Caminamos por la ciudad, comimos en restaurantes diferentes y pasamos mucho tiempo en el cuarto. Nos reaproximamos, necesitaba mucho eso y ni lo sabía.

Pero el lunes había llegado y necesitábamos regresar. Dejé a Melissa en Lince Mundi y fui directo a la farmacéutica, a la hora del almuerzo iría a casa a dejar las maletas y tomar el celular. Llegué a tiempo y quedé satisfecho por eso, me gustaba la puntualidad.

—¡Nandito, buenos días! —Aún ni había encendido mi computadora y Jennifer ya estaba colgada de mi escritorio.

—Es Fernando, Jennifer, ¡aprende de una vez! —Tenía que librarme de esa plaga.

—¿Por dónde anduviste todo el fin de semana? —Me ignoró y siguió pasándose de la raya.

—Eso no te interesa. —respondí.

—Te llamé todo el fin de semana. Era importante. —Dudaba mucho que lo fuera.

—Ya veo. —Estaba más interesado en empezar a trabajar.

—Mi hermano quería que le explicaras el reporte ayer. —Dios mío, pero ¿hasta qué hora iba a insistir?

—Tu hermano sabe leer, Jennifer, es mi jefe, estoy seguro de que puede comprender un reporte simple. —respondí con la voz monótona de quien no estaba interesado en el asunto.

—¡Ay, qué pasó el fin de semana? ¡Estás tan malhumorado! —habló, pero estaba muy lejos de la verdad, me recosté en la silla y la miré.

—Al contrario, tuve un fin de semana maravilloso con mi novia. Viajamos, le hice una sorpresa y es una mujer sensacional que me dejó, como dicen, caminando en las nubes. Ahora, Jennifer, si me disculpas, necesito trabajar. —respondí y me volteé hacia mi computadora otra vez.

—¿A dónde fuiste? ¿Y por qué no contestaste el celular? —insistió con las preguntas.

Jennifer me irritaba más que cualquier otra persona en el mundo. Decidí ignorarla, era bueno ignorando a las personas, podía hacer eso. La dejé sin respuesta, se quedó parada ahí, repitió las preguntas, pero con mi atención totalmente enfocada en la computadora, se rindió después de algunos minutos y se alejó, pero no tanto, su escritorio estaba al lado del mío, pero al menos se calló y pude trabajar en paz el resto de la mañana.

Casi a la hora del almuerzo el presidente de la farmacéutica salió del elevador con Boris, lo que llamó la atención de todos, nunca visitaba los pisos de la empresa, o casi nunca, vivía enclaustrado en su oficina en el último piso y hasta tenía un elevador privado para que los empleados no tuvieran acceso a él, solo la directiva.

—¡Jen, querida! —Se detuvo para saludar a la sobrina.

—¡Hola, tiíto! —Le saltó al cuello.

—Supe que fuiste a pasar el fin de semana a la Posada Bangalô, solo que no entendí por qué fuiste sola. —Jennifer quedó visiblemente incómoda y me pareció esa coincidencia demasiado extraña.

—Esperaba encontrar a una persona ahí, tiíto, pero no fue. —le respondió al tío, lo que me hizo pensar.

Había hablado sobre la posada por teléfono con Enzo, ¿será que esta criatura llegó al absurdo de estar escuchando mis llamadas? Peor aún si fue para ahí pensando en entorpecer mi relación, ¡eso sería ridículo!

—Solo por cinco minutos. —Le di la espalda, ya había recogido mis cosas. No perdería mi tiempo entregando la carta a ella o a su hermano, fui directo al departamento de recursos humanos.

—Fernando, ¿en qué puedo ayudarte? —el director del departamento se sorprendió con mi presencia en su oficina.

—Quiero entregar mi carta de renuncia y quiero ser liberado de la empresa inmediatamente. —Le avisé, extendiéndole el papel.

—Sí, ya supe lo que pasó en su departamento y esperaba una queja, no una renuncia. —Suspiró leyendo la carta—. ¿Hay algo que podamos hacer para revertir esto?

—No, señor. Solo quiero ser liberado inmediatamente. Ya perdí demasiado tiempo en un lugar donde no tendré futuro. —Por dentro estaba desbordando de rabia.

—Está bien, voy a hacer los trámites. Lamento, somos nosotros quienes salimos perdiendo. —Respiró profundo—. Imagino que no quiere hablar con nadie más.

—No. Solo libéreme, por favor. —pedí otra vez.

—Voy a hacer eso rápidamente, pero cuando la noticia llegue arriba va a ser un gran alboroto.

—Ahí, ya no es mi problema. —Ya no me estaba importando más.

Una hora más tarde, salía de ese lugar donde había dedicado años de mi vida. Trabajaba para ellos desde que empecé las prácticas en la universidad, pensé que la transferencia a la sede de la empresa me traería mejores oportunidades, pero solo me trajo estancamiento. Salía de ese lugar pensando que tal vez sobreestimaba el mérito.

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