"Melissa"
Hacía mucho tiempo que Fernando no me hacía una sorpresa y esta fue realmente especial. Llevaba mucho tiempo queriendo venir a este lugar. La temperatura realmente estaba agradable y llevaba un vestidito ligero de verano, así que Fernando me mantuvo bajo su brazo, bien cerca de él e hizo el check-in rápidamente.
Nos llevaron al cuarto y quedé maravillada con lo que vi. Era una suite enorme con un sofá acogedor cerca de la chimenea, jacuzzi y un balcón hermoso con vista a todo ese verde. Había sobre la cama una canasta con chocolates y vino y un arreglo de rosas sobre la mesa cerca de la puerta. Tomé la tarjeta y leí: "Que nuestro fin de semana sea especial, como tú eres para mí todos los días." Pensaba en los detalles y eso me encantaba.
—¿Te gustó? —Me abrazó por detrás y preguntó en mi oído.
—¡Mucho! Sabes cómo disculparte. —Bromeé y se puso algo tenso.
—Qué bueno, porque necesito disculparme. —Tomó mi mano y me jaló para sentarme en el sofá.
—¿Qué hiciste, Fernando? —Ya sentí la irritación subir por mi garganta—. Me mentiste, ¿verdad? —Lo miré y estaba mudo—. ¡Ah, pero lo sabía! ¡Lo sabía! —Salté del sofá y comencé a caminar de un lado a otro—. ¡Anda, habla! Y di la verdad, porque voy a saber si mientes.
—Ayer realmente estaba en la empresa trabajando. —Comenzó y me paré frente a él con los brazos cruzados—. Jennifer estaba ahí. Pero no había nadie más. ¡No pasó nada! Boris mandó que se quedara para ayudarme, ni hizo nada más que hablar como una cotorra, pero estaba ahí. Solo que no quería que te preocuparas o te enojaras conmigo sin que pudiera estar cerca de ti para explicarte.
—¡Jennifer! ¡Ah, pero esa tipeja está pasando de los límites! ¡No la tolero! Y tú, ¿eh, Fernando? ¡Mintiéndome! Mira, te voy a decir, yo debería... —Se levantó y me atrapó contra la pared.
—Deberías confiar en mí. Mentí, una tontería, pero no quería que te pusieras así, toda irritada, sin que pudiera estar cerca para calmarte. —Hablaba con la nariz tocando la mía, sosteniéndome tan firme contra esa pared que no podía moverme, el calor de su cuerpo inundándome.
—Confío en ti. No confío en ella. —respondí y se rió.
—Es una cualquiera, abejita. El tipo de mujer irritante, ofrecida, insistente y que trata de manipular las situaciones. Detesto ese tipo y lo sabes bien. —habló y besó mi cuello, bajando las manos y jalando mis piernas hacia su cintura.
—Pues sí, Fernando, pero gotera horada la piedra... —Resoplé, tratando de mantener la concentración mientras besaba mi cuello y mi hombro.
—¡Para con eso, abejita! Sabes que no soy así. —habló suavemente y me quitó de la pared, cargándome hasta la cama y acostándose sobre mí.
—No me vas a calmar así. —protesté y se rió.
—¿Quién dijo que quiero calmarte? Quiero a mi fiera suelta, bien enojada, arrancándome la ropa y marcando mi piel con tus uñitas. —susurró lleno de convicción, le gustaba cuando estaba irritada y a veces sospechaba que me irritaba a propósito.
—Eres un creído, Fernando. —reclamé y bajó el escote de mi vestido, deslizando la punta de la nariz en mi piel.
—Jennifer dice que soy lo máximo. —Soltó una risita, claramente estaba jugando conmigo.
—¿Lo máximo, Fernando? ¡Lo máximo es tu descaro! —respondí.
Se rió y metió las manos bajo mi vestido subiéndolo hasta mi cintura, sus manos encontraron la piel sensible del interior de mis muslos y sus dedos rozaron mi ropa interior. Su boca bajó sobre mi seno, mordisqueando mi piel.
—No, no puedo esperar. Quiero, rápido, urgente y fuerte, Fernando. ¿Entendiste? —siseé y sentí que su sonrisa se hizo más grande.
—Entendí. —respondió.
Sus dedos se engancharon en el encaje de la ropa interior y la rasgaron, después la tiró a un lado y frotó su miembro duro en mi entrepierna que estaba cada vez más húmeda para él. Estaba de pie y yo acostada en la orilla de la cama cuando entró en mí de un golpe único y perfecto. Se acostó sobre mí, mis uñas se clavaron en su espalda, comenzó a entrar y salir de mí frenéticamente. ¡Ah, era bueno en eso!
Mis uñas arañaban su espalda y clavé los dientes en su hombro cuando me hizo terminar. Pero no se detuvo. Siguió, yendo bien profundo, de la manera que pedí, sin sutileza, y mientras más dejaba mis garras marcadas en él, más fuerte embestía contra mí.
Se detuvo por un segundo, solo el tiempo suficiente para voltearme boca abajo en la cama, con las piernas fuera de ella. Volvió a entrar en mí, me dio una nalgada sonora y hundió los dedos en la carne de mi cadera para sostenerme mientras literalmente me poseía. Era primitivo y carnal, totalmente instinto. Lo sentía bien profundo dentro de mí, tocando un punto muy sensible.
Se curvó sobre mí y su mano serpenteó desde mi cadera hasta mi clítoris, comenzando a tocarlo con movimientos circulares que hacían sus embestidas aún más poderosas para mi cuerpo.
—Ya casi, abejita, te quiero conmigo. —susurró en mi oído y fue como si mi cuerpo le obedeciera, sentí la sensación creciente y mi entrepierna se apretó alrededor de él—. Ahora, abejita, termina conmigo.
Fue como abrir una compuerta. Grité de placer, sintiendo la descarga eléctrica en mi cuerpo y mi intimidad latiendo en su longitud y su gemido gutural cuando terminó conmigo, envió otra onda de placer por mi cuerpo, prolongando ese momento de éxtasis.
Se dejó caer sobre mí, besando mi espalda y sus manos agarraron las mías mientras nos calmábamos.
—Puedo ser un poco lento a veces, abejita, pero no dudes que te amo. Eres la única, abejita, ¡única! —habló y besó mi rostro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No sale el capitulo 7-8 y 9...
El capítulo 7 no sale...
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....