Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 1002

"Melissa"

Desperté con Fernando posesivamente enredado en mí. Sus brazos me sujetaban junto a su cuerpo y tuve que desenredarlos de mí para levantarme.

—¡Quédate aquí, Mel! —Refunfuñó, aún somnoliento.

—No puedo, necesito ir al baño. —Me levanté y corrí al baño, tenía urgencia.

De cualquier manera, por más que quisiera quedarme en la cama un poco más, ya era hora de prepararme para el trabajo, así que me fui a la regadera.

No tardó en entrar detrás de mí, pasando la mano por mis hombros y quitando el jabón de mis manos, para comenzar a enjabonarme. Le prestó atención a cada mínima parte de mi cuerpo y permití que me consintiera.

Pero mi estómago rugió, nos perdimos en el momento la noche anterior y nos dormimos sin cenar, así que desperté con un hambre feroz.

—Te dejé con hambre, abejita. —Se rió en mi cuello.

—¡Valió la pena! —admití.

—¿Quieres desayunar en algún lugar? —ofreció.

—No, prefiero comer aquí y aprovechar un poquito más de este Nando lleno de amor para dar. —Bromeé y se rió.

—¿Te gusta este Nando? —preguntó y sonreí.

—Ah, me gusta mucho este Nando. —confirmé.

Desayunamos con mucha intimidad y después nos arreglamos juntos. El ambiente estaba ligero y relajado, pero antes de salir le di una advertencia.

—Nando, ¡mantén a la lagartona a distancia! No la dejes tocar lo que es mío. —Le advertí y se rió.

—Eso nunca va a pasar. —Tenía una sonrisa muy hermosa, que llegaba a los ojos, esos ojos cafés intensos que me cautivaban.

Entramos al elevador tomados de la mano y él bajó apenas un piso antes de parar de nuevo.

—¡Maestra! —Gi entró al elevador, acompañada por su papá, y me abrazó.

—Mi alumna favorita, ¿cómo estuvo el examen? —Ya me imaginaba que había ido bien.

—¡Creo que voy a salir del rojo! —Levantó los dedos cruzados animada.

—Buenos días, Meli. —Rafael me dio una sonrisa amplia—. Buenos días, Nando.

—Buenos días, Rafa. ¿Ya lograste poner el bar en orden? —Nando entabló conversación.

—Ni tuve que preocuparme, Melissa es muy competente. En cuanto terminó la boda un equipo ya puso cada cosa en su debido lugar. —Rafael me sonrió de nuevo.

—Pensé que ibas a considerar convertirlo en salón de fiestas. —Nando recordó una broma de Rafael.

—Tal vez acepte algunas bodas más, pero solo si Melissa las organiza. —Rafael respondió de buen humor, pero sin quitarme los ojos de encima.

—Un baño rápido. Y no puedes ponerte una de tus ropitas para dormir provocativas. —advirtió.

—¿Y por qué no? —Entrecerré los ojos divertida.

—Porque si haces eso, Melissa, tú serás la cena sobre nuestra mesa. —amenazó y sentí un escalofrío correr por mi piel.

—Uy, el lobo feroz está suelto. —Me alejé yendo hacia la puerta—. Tal vez quiera ser la cena sobre la mesa.

Salí de la cocina deleitada con su carcajada. Me bañé rápido, me puse el camisón más indecente que tenía en mi armario y rechacé la ropa interior. Regresé a la sala y él estaba terminando de servir la mesa. Al verme, llevó las fuentes de vuelta a la cocina, regresó, apartó la vajilla de la mesa y me tomó por la cintura.

—¡Eres una provocadora, Melissa! —Me puso sobre la mesa y comenzó a besarme—. Me gustó mucho este camisón, espero que tengas más de uno.

Sin ninguna ceremonia rasgó mi camisón otra vez. La forma como me tomó sobre esa mesa fue intensa, rápida y deliciosa. Completamente dominado por el deseo. Aproveché cada segundo de su cuerpo sobre el mío.

Después, cuando nuestras respiraciones se calmaron, tomó su camisa del suelo y me la puso.

—Te ves sexy hasta con una simple camiseta. —Me miró con apreciación.

Después arregló la mesa nuevamente, cenamos a la luz de las velas, conversamos, intercambiamos besos, hicimos planes para nuestro viaje del fin de semana y él hasta ya tenía un lugar en mente, sugirió un lugar que no era muy lejos, pero que era tranquilo y hermoso. Estábamos como dicen "enamorados", como siempre había sido, el estrés y los problemas de los últimos tiempos pareciendo disolverse.

A la hora del postre, el helado de chocolate que me había prometido, me quitó la camisa del cuerpo y me puso otra vez sobre la mesa y, mientras me daba cucharadas en la boca, él se servía pequeñas porciones en mi cuerpo, que me hacían estremecer y desear más.

Las dos últimas noches me hicieron sentir como si todo se acomodara nuevamente y como si él estuviera volviendo a ser mi Nando, mi príncipe, el hombre que tanto amaba. Estaba ansiosa por el fin de semana.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)