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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 91

—Ay, sí es la doctora Valdez. Gabriel, agarra bien el celular.

—Señorita Valdez, poder verla poner las agujas… de verdad es un honor enorme. No por nada cancelé todas mis citas de hoy.

—Señorita Valdez, si al rato hay algo que no entendamos, ojalá nos pueda orientar.

En el video, el hombre hablaba tan emocionado que parecía que se le iba a salir el alma del cuerpo. Cada frase iba cargada de una admiración casi fanática por Kiara.

Esa escena hizo que a Pamela se le nublara la vista.

¡Es mentira!

¡Todo es mentira!

¿El señor Herrera también cayó con esa desgraciada de Kiara?

¿O es que Kiara… de verdad…?

No.

Pamela ni siquiera se atrevía a seguir pensando.

No se atrevía a aceptar que el “milagroso doctor” que había traído para humillar a Kiara… en realidad era un charlatán inútil.

Ella había apostado todo a que el señor Herrera destaparía a Kiara, pero lo que vio fue al señor Herrera liderando a un grupo de expertos, tratándola con respeto y admiración… y todavía queriendo observar y aprender su acupuntura.

Pamela temblaba de pies a cabeza; se sentía helada, tiesa.

Kiara… ¿no era una pobretona del rancho?

¿No era la que ni siquiera terminó la prepa y se salió de la escuela?

Entonces… ¿por qué Kiara sabía tanto?

¿Lo de aquella vez en el Hospital San Juan de Dios, cuando salvó a alguien… sí fue real?

No.

¡Imposible!

—Pamela.

De pronto se oyó la voz tranquila de Álvaro.

Pamela se sobresaltó y volteó, nerviosa, hacia él.

Álvaro se acomodó los lentes y, con tono suave, dijo:

—Saca al doctor Benítez, por favor.

Pamela se puso todavía más pálida. Abrió la boca, queriendo decir algo…

Pero al ver a Regino cerrar los ojos, entendió que si insistía solo lo haría enojar más.

Aun así, no quería irse.

—Pamela, no pasa nada. Ve a tu cuarto —Vanesa la jaló y la sacó del jardincito—. Cuando Kiara le ponga las agujas a tu abuelo, necesitamos silencio. No la vayas a distraer.

El tono era suave.

Pero Pamela lo oyó como si su mamá le estuviera diciendo directo: “Estorbas. Lárgate”.

Se le encendieron los ojos de coraje y las lágrimas le rodaron una tras otra.

Y dentro del jardincito…

Kiara ya estaba serena. Volvió la mirada hacia Regino y ni le dio importancia a la videollamada con el señor Herrera; solo dijo, con calma:

—No hay problema. Todo esto es para impulsar la medicina tradicional de Solarenia. Si tienen dudas, pueden preguntarme.

—Empezamos.

***

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