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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 64

Kiara ni lo volteó a ver. Con la mirada tranquila, habló:

—La caída de datos de anoche fue un señuelo. Querían hacer caos para tapar la ruta real del robo.

Sin dejar de teclear, continuó:

—El objetivo verdadero era robar el núcleo del algoritmo central de Génesis.

En la sala se escucharon varias respiraciones contenidas.

Joel frunció el ceño.

—El núcleo del algoritmo es el corazón de Génesis. Está ligado a defensa nacional, energía aeroespacial… Si se lo llevan, es una catástrofe.

—Ajá. —Kiara curvó apenas los labios, como si hablara de algo obvio—. Y son listos. En cuanto detectemos el programa trampa, se va a autodestruir y se va a tragar el flujo de datos alrededor, borrando cualquier rastro.

La cara de Joel se puso blanca.

—Entonces… ¿Génesis…?

Si explotaba, Génesis se dañaría gravísimo.

—¿Qué? Si ya sabes que se autodestruye, ¿para qué te metes? ¿No puedes esperar a que lo maneje gente profesional? —Tomás, como si por fin hubiera encontrado “argumento”, se aferró—. ¡Te lo dije! No sabes nada. ¡Estás jugando!

—Tú eres “profesional”, pero ni cuenta te diste de que era un señuelo. —Los dedos de Kiara golpearon el teclado con un ritmo seco y rápido.

Que una chica tan joven lo exhibiera así frente a todos le puso la cara negra.

—Aunque hayas visto el señuelo, ¿y qué? ¡Ese programa no lo vas a romper! ¡Y puedes terminar destruyendo Génesis!

Kiara alzó la mirada, fría.

—Que tú no puedas no significa que yo no pueda.

Lo remató sin espacio a discusión:

—Si no ayudas, hazte a un lado. No estorbes.

—¡Tú…! —Tomás se rió con rabia—. Va. Quiero ver qué tan “chingona” eres. Yo no voy a ser cómplice de tus tonterías. Si pasa algo con Génesis, va a ser responsabilidad de ustedes.

Se arrancó la bata de un jalón, la aventó al piso, pasó su tarjeta y salió de la sala.

—Equipo de rastreo, conmigo.

Algunos todavía no sabían que quien hizo la reparación de emergencia anoche fue Kiara. Solo veían a una chica demasiado joven como para creerle.

Aun así, por lo que Joel acababa de decir, uno se animó a preguntar:

—¿Y cómo vamos a rastrear?

Ellos llevaban catorce horas y no habían podido localizar al atacante.

Kiara no dejó de teclear. Ante una duda razonable, explicó con paciencia:

—Si pasó por la red, dejó huella. Con lo que queda de su ruta, se puede seguir.

—No es tan fácil. Seguro borraron todo…

—Es sencillo —dijo Kiara.

***

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