Pamela cambió de cara. Levantó la mirada, llorosa.
—Lucía… tú… estos días…
Lucía suspiró, como si le doliera recordarlo.
—Yo no quería decirle, p-pero verla así, sin ganas de nada… me parte el alma.
Mientras hablaba, se subió la manga y se levantó un poco el pantalón, dejando ver moretones morados y verdosos.
Pamela le agarró la mano.
—¿E-esos golpes te los dieron los empleados?
—Esas víboras son expertas en arrimarse al que va ganando —dijo Lucía, bajando la cabeza con una expresión de “me aguanto para no llorar”—. Para quedar bien con esa desgraciada, como saben que yo soy de usted, pues…
Pamela temblaba de coraje.
—¡Eso lo mandó hacer Kiara!
—Claro. ¿Quién más? —Lucía lloriqueó, pobrecita—. Si ella no estuviera metiendo cizaña, ¿cómo cree que el señor y la señora se atreverían a correrla? ¡Si usted fue su consentida veinte años!
Con esas palabras una y otra vez,
la expresión de Pamela se fue torciendo, poniéndose cada vez más fea.
Sí.
Antes de que Kiara volviera, ella tenía todo el cariño de la casa.
Nunca imaginó que un día sus papás la sacarían de la familia Ibarra.
Todo era por Kiara.
Por culpa de su llegada, todo lo que Pamela había construido durante años…
se vino abajo.
—¿Dices que… vaya con mis abuelos? —Pamela dejó de llorar y se limpió las lágrimas.
—Sí. Ellos ahorita son su único respaldo —le aconsejó Lucía—. Tiene que hacer que le tengan más lástima, que la quieran más. Y de paso, sin que se note, dejar mal a Kiara delante de ellos, para que a usted la protejan más. Luego le pide a la señora mayor que hable con la señora… y por respeto a ella, la señora no va a volver a sacar el tema de correrla.
Mientras más escuchaba Pamela, más le sonaba lógico.
Apretó el puño y de golpe se levantó de la cama. Tambaleándose, se metió al baño.
Lucía se asustó y fue tras ella.
—Señorita Pamela, ¿qué va a hacer?
En cuanto entró, vio que Pamela había abierto la llave del agua fría de la regadera.
El agua helada le cayó encima de golpe, empapándola.
—¡Ay, no, señorita Pamela, no haga eso! —gritó Lucía, corriendo a jalarla y estirando la mano para cerrar la llave.

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