Al oír esa voz clara, Perla sintió que… le sonaba.
El tono, la manera.
Pero no podía ser.
Esa chica, a lo mucho, no tenía ni veinte.
Perla sintió que el corazón le iba raro. La miró con más fuerza, con más miedo en los ojos.
Y cuando habló, hasta tartamudeó, sin nada de la seguridad de siempre.
—El diseño… parece hecho a propósito para combinar con el vestido de la señorita Carrasco. Trae elementos muy parecidos, como si los hubieran trabajado juntos…
—Y escuché que ese vestido se diseñó y se confeccionó hace apenas unos días. O sea que… el juego de joyas se tuvo que diseñar en estas fechas.
Esa era justo la razón por la que había ido a buscarla.
Quería sacar, por boca de Kiara, dónde estaba su maestra.
Kiara se tocó la barbilla, sonriendo, y asintió.
—Ajá. Bien pensado.
El corazón de Perla se aceleró más.
Algo no cuadraba.
Entre más hablaba esa chica… más le sonaba.
Le sonaba tanto que, sin querer, se le venía a la cabeza la imagen de su maestra.
Aunque nunca la había visto en persona, la tenía grabada.
Perla se clavó en la cara de Kiara.
Parpadeó y la miró todavía más, con una intensidad casi ridícula.
La expresión se le mezclaba entre asombro y susto.
—Ya. Si sigues mirando, no te va a aparecer el nombre “Queen” en mi cara. —Kiara ya no la quiso seguir picando.
Kiara bajó la mirada y vio un mensaje de [Téllez].
Téllez:[Maestra, creo que ya me pasé… porque acabo de confundir a una jovencita, como veinte y tantos años menor que yo, con usted. Qué barbaridad… seguro estoy tomada, la vi mal…]
Kiara alzó la mirada hacia Perla, con media sonrisa.
—Sí, Maestra Téllez. Trae una buena.
—¡Pum!
El celular de Perla se le cayó al piso.
Se quedó con la boca abierta.
Esa chica, que no parecía ni de veinte, de verdad era…
La persona que llevaba años admirando, la que en su mente había jurado que, cuando la viera, hasta le iba a rogar que la aceptara como alumna…
Queen.

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