¿No era suficiente?
Y además… ella ni siquiera era hija biológica.
Venía de un barrio perdido, de lo más feo.
Aun así, ellos todavía estaban dispuestos a aceptarla y dejarla volver con la familia Zúñiga.
Incluso ya se habían rebajado a pedir perdón por haberla ignorado antes.
Entonces, ¿qué más quería?
Benjamín de verdad no entendía por qué ahora andaba tan a la defensiva… ¿nomás porque no soportaba la existencia de Cata?
En ese momento, Tristán soltó un grito ahogado:
—¡E-es el señor Olivares… y el señor Villaseñor!
La atención de Benjamín se despegó de Kiara al instante.
Siguió la mirada de Tristán y vio a dos hombres de mediana edad, con trajes impecables y porte serio, bajar de unos carros de lujo y caminar hacia ellos.
En cuanto les reconocieron la cara, a Benjamín y a Tristán se les iluminó el rostro con la misma emoción.
Padre e hijo se miraron.
¿Kiara? ¿Qué importaba Kiara?
Se apuraron a ir hacia ellos.
—¡Señor Olivares! ¡Señor Villaseñor!
A Tristán ya se le había ido cualquier enojo que traía con Kiara. Estaba tan emocionado que casi se le salían las lágrimas.
Esos dos eran el señor Olivares, de Grupo Liderazgo, y el señor Villaseñor, de Impulso Capital.
Los mismos que durante años habían invertido fuerte en el Grupo Zúñiga.
Y justo porque esas dos empresas retiraron el dinero al mismo tiempo, el Grupo Zúñiga se quedó sin flujo y todo se fue al demonio.
—Disculpe. Es un evento privado.
—No, espéreme, yo me llevo muy bien con sus jefes. ¡Trabajamos juntos años! —Tristán quiso apartar la mano del guardaespaldas, y al mismo tiempo les gritó—. ¡Señor Olivares, señor Villaseñor! ¡Siempre nos fue muy bien! Díganme qué hicimos mal y yo lo arreglo… yo puedo…
Pero el señor Olivares y el señor Villaseñor ni lo voltearon a ver.
Los guardaespaldas estaban enormes. Tristán y Benjamín no podían pasar, y de tanto forcejear terminaron cayéndose al suelo, hechos un desastre.
Ni aun así se detuvieron. Se ayudaron a levantarse y quisieron seguirlos.
Entonces vieron que…
El señor Olivares y el señor Villaseñor, de pronto, sonrieron. Sonrisas sinceras… incluso con un toque de respeto.
Y caminaron directo hacia Kiara.
Hasta parecían a punto de inclinarse para saludar.
—Je…

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