Entrar Via

Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 381

—Si sigues de necia, todavía te puedo soltar otro madrazo.

Kiara no cambió ni tantito la cara. Sus ojos, fríos y sin emoción, se posaron un instante en Dana, como si ni valiera la pena.

Esa mirada le caló a Dana hasta los huesos.

Se le congeló la expresión. Toda la soberbia se le desinfló de golpe.

La recorrió un escalofrío y se quedó viendo a Kiara, ida.

Sentía la garganta como si alguien se la estuviera apretando con una mano helada; no le salía ni una palabra.

Esa hija adoptiva que siempre había sido sumisa, que frente a ella se hacía chiquita y buscaba complacerla…

¿Ahora… ahora se atrevía a mirarla así, desde arriba, con ese desprecio?

Esa mirada…

Dana estaba segura de algo:

Kiara de verdad tenía ganas de pegarle.

¿Kiara… de verdad quería pegarle?

¿Con qué pinches huevos?

Dana se puso a respirar con el pecho subiendo y bajando, furiosa.

Pero Kiara ya había apartado la vista, como si mirarla un segundo más fuera perder el tiempo.

Abrazó la caja de regalo que traía y se fue.

Cerca de la entrada del jardín habían instalado un área de descanso, con un espacio cerrado para retocarse el maquillaje.

Al final, a la fiesta de mayoría de edad de Eloísa llegaba pura gente pesada de todos lados.

Y esas mujeres, claro, querían entrar a la cena impecables.

Dana vio cómo Kiara se metía al cuarto de retoque y se le torció la cara de coraje.

—¡Esta… esta pinche chamaca! —Tristán notó las miradas alrededor: varias personas los observaban con burla.

En su vida se había sentido tan exhibido.

Por fin lograban colarse a un evento de ese nivel y, antes de siquiera entrar, ya estaban haciendo el ridículo.

Se sentía como un payaso.

no le llegaba ni a los talones.

Una mujer que solo vive de su apariencia… al final es un juguete.

Pasaron como diez y tantos minutos.

La puerta del cuarto se abrió.

Los Zúñiga voltearon al mismo tiempo… y las palabras se les murieron en la boca.

La que salió fue una chica con un vestido rojo, intenso y llamativo.

El vestido de noche no era recargado: era sencillo, pero de un nivel altísimo. La tela, de primera, combinada con encaje negro ligero; el corte le quedaba perfecto, marcándole la figura.

El escote dejaba ver unas clavículas pálidas y sensuales.

En la parte baja de la espalda, un diseño calado con “diamantes” rojos dejaba asomar apenas su cintura delgada.

La falda, corta al frente y larga atrás, al caminar enseñaba unas piernas largas y rectas; era como si avanzara entre flores oscuras abiertas… sin verse corriente ni un poquito.

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste