Entrar Via

Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 375

—¡Don Regino! ¡Señor Ibarra! —Tristán sonrió de forma servil, frotándose las manos, casi doblado de lo “humilde” que se quería ver—. Señora Ibarra, qué casualidad… no pensé volver a verlos aquí. De veras, qué vueltas da la vida…

Los guardaespaldas se movieron de inmediato para detenerlo.

Los Ibarra fruncieron el ceño.

Regino, con la mirada pesada, levantó la mano para que los dejaran pasar.

Tristán, al ver eso, se emocionó más; su sonrisa casi se le partía en la cara.

—Don Regino, ¿sí se acuerda de mí? Soy Tristán, de Grupo Zúñiga. Híjole, antes casi fuimos socios… lástima que…

Mientras hablaba, se frotaba las manos y leía las expresiones de los Ibarra, buscando a ver si aflojaban y le regresaban algún contrato.

Si Grupo Zúñiga conseguía un acuerdo con Grupo Ibarra, en esa fiesta podrían caminar con la cabeza más alta.

Pero los Ibarra solo lo miraban con frialdad, sin intención de seguirle la charla.

Tristán no se desanimó; al contrario, sonrió todavía más, con esa mirada calculadora que se le notaba en la cara.

Luego miró a Álvaro y, sin perder tiempo, empujó a Catalina hacia adelante:

—Don Regino, don Camilo, joven Álvaro… ella es mi hija, Catalina.

—Cata, saluda.

El nieto mayor de la familia Ibarra todavía no se casaba.

Sí… era como diez años más grande que Catalina.

Pero eso no importaba.

Guapo, heredero, y el día de mañana todo en la familia Ibarra iba a pasar por él.

Si Cata se casaba con Álvaro…

Tristán sonrió, tan emocionado que casi le daban ganas de empujar a Catalina directo a los brazos de Álvaro.

Los Ibarra se miraron entre ellos.

Así que la familia Zúñiga…

no sabía nada de la relación de Kiara con ellos.

Conocer a una chica así…

era una suerte enorme.

¿Y si de verdad ella era una “buena estrella”?

Justo entonces, la puerta del carro volvió a abrirse.

Pamela, que había estado retocándose para asegurarse de verse perfecta, bajó levantándose un poco el vestido.

Traía un vestido de gala hecho a la medida por Duarte: finísimo y exageradamente lujoso, con un diseño y líneas que brillaban por donde lo vieras.

El maquillaje impecable.

Radiante, como una princesa.

Catalina apretó los dedos con fuerza.

Al ver ese lujo encima de ella, se le llenaron los ojos de envidia y celos.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste