—Estás guapísima. De verdad, tienes que aprovechar ahorita —Dana le dio unas palmaditas en la mano a Catalina—. Ese Patricio Fuentes nos dejó tirados bien feo: nos metió en un problemón, se fue como si nada y ni una sola vez te volvió a buscar. Ya ni lo pienses.
—Aquí es donde te conviene estar. Con que en este tipo de eventos conozcas a un chavo con futuro, con eso ya la armas para toda la vida.
Catalina no necesitaba que Dana se lo dijera. Ella también lo tenía clarísimo.
Cualquiera de los que estaban ahí le daba mil vueltas a Patricio.
¿Cómo iba a quedarse aferrada a ese inútil?
En cuanto se armó el problema, desapareció.
Y toda la familia Fuentes…
Puros malos.
Siendo que todavía había un compromiso entre las familias, en cuanto la familia Zúñiga tuvo un tropiezo, los Fuentes se apresuraron a deslindarse.
Y encima la dejaron a ella embarrada.
Antes de sacar a relucir a la señorita Ibarra, Tristán se desquitó con ella un montón de veces.
Pero ahora era la mejor amiga de Pamela Ibarra, la “princesita” de la familia Ibarra, la más rica.
Con estar pegada a Pamela, podía moverse en eventos de las familias más pesadas.
Y si a cualquiera de los amigos de Pamela se le antojaba ella, era mejor que Patricio.
Lo único que tenía que hacer era agarrarse bien de Pamela, tenerla contenta.
¿De qué iba a preocuparse por el futuro?
Llegado el momento, Patricio hasta iba a andar rogándole.
Al imaginarse la vida que venía: subir como espuma, casarse con alguien de primera y convertirse en “señora” de una familia top…
Y pensar que ya no tendría que andar agachando la cabeza frente a nadie, excepto Pamela…
—Y si al rato se nos atraviesa el de la familia Carrasco… Cata, te me acercas tú solita a brindar. Y de paso bájate tantito más el escote del vestido.
—¿No… no está medio mal? —Benjamín miró el vestido blanco sin tirantes que Catalina ya traía bastante abajo para marcar figura, más de lo normal, dejando ver casi la mitad. Si todavía lo bajaba…
—¿Tú qué vas a saber? Esto es inversión inteligente —espetó Tristán, poniendo los ojos en blanco ante su hijo mayor, que “nomás” entendía de negocios y nada de lo demás—. A los hombres lo que más les gusta es que una mujer se ponga de… fácil por ellos.
Benjamín seguía viéndolo mal:
—Vinimos por la señorita Ibarra. Y el señor Carrasco es el prometido de la señorita Ibarra… no se me hace bien que andemos con esas ideas.
—Ni la familia Ibarra ni la Carrasco han anunciado nada, y ni están comprometidos oficialmente. Y además, hasta casados se divorcian. Esto es de quien pueda. ¿Y si al heredero de los Carrasco le gusta Cata?
Tristán lo fulminó con la mirada, frustrado:
—Te lavaron el cerebro los libros. Nomás piensas en la empresa. ¿No entiendes que si Cata le entra por el ojo a ese hombre, los tratos que tú no consigues ni rogando en las comidas de negocios, ellos solitos te los van a ofrecer por quedar bien con él? Así funciona el mundo.
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