Era una belleza hipnotizante… y peligrosa.
Los detalles se enredaban en el diseño, creando un aire misterioso.
Color agresivo, corte atrevido, líneas filosas: una elegancia que atacaba.
Demasiado familiar.
¿No era el vestido que ella misma diseñó y mandó hacer a toda prisa… el vestido a la medida de mil millones?
Kiara pasó los dedos por la tela y se le torció la boca.
Con que al final…
Se desveló haciendo los bocetos, se aventó dos días de trabajo, y todavía le sacó a Joaquín “mil millones”…
¿para que terminara en sus manos?
¿Entonces esto qué fue? ¿Le cobré a Joaquín una fortuna y al final él me terminó regalando el mismo vestido?
¿Eso cuenta como… cobrar y todavía llevarse el producto?
Con razón, cuando lo estaban haciendo, algo no le cuadraba con las medidas que Joaquín le dio.
Eloísa es más chiquita, de complexión más fina.
Pero como el que pagaba mandaba, Kiara pidió que Magdalena confirmara medidas; le dijeron que estaban correctas.
Así que lo hizo tal cual.
En ese momento estaban sacando dos vestidos y ni tiempo tenía de pensar.
Hasta ahora caía en cuenta: esas medidas, ese estilo… era obvio que eran para ella.
Kiara se quedó viendo el vestido.
Unos segundos después, sacó el celular, le tomó una foto y se la mandó a Joaquín.
Casi de inmediato le entró una videollamada.
Kiara contestó.
—¡Por Dios! —Joaquín se hizo el ofendido, con cara de inocente—. Pregunta por ahí: yo soy un santo. A la única que he abrazado es a ti.
Kiara se rió bajito.
—Es el festejo de tu hermana. ¿Y en vez de mandarle a Ellie un vestido a la medida, me mandas uno a mí?
—¿No que ya había llegado el de Ellie? —Joaquín arqueó la ceja—. Pagué mil millones para que Ícaro, la mente creativa número uno, aceptara el encargo. Dos por uno. ¿Dónde está lo malo?
Kiara lo miró, captándole el tono.
—¿Ya lo sospechabas?
—No era difícil. —Joaquín levantó la ceja con calma, divertido—. ¿Qué diseñadora top cobra mil millones y todavía regala otro vestido… y justo el “regalo” queda perfecto para Ellie, de estilo y de medidas? Eso no es cualquier cosa; ahí hubo diseño y trabajo de verdad.
—Y además… el día que hice el pedido en YB, alguien se aventó una desvelada.
—Y los dos días siguientes, alguien estuvo metida en el corporativo de YB… Si no eras tú o Ícaro, no hay otra.
***

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