A Tristán se le vino a la cabeza, de golpe…
la escena de aquel día en La Cúpula Dorada: el presidente de la familia Carrasco, imponente como si fuera intocable, caminando hacia Kiara.
El corazón le dio un brinco.
¿Y si el hombre del coche era… el presidente de la familia Carrasco?
Pero al instante apagó esa idea.
Imposible.
¿Quién era ese hombre? ¿Cómo iba a ser el “patrocinador” de Kiara?
Tristán no tenía ni el nivel para conocer a Joaquín, pero había escuchado historias.
Decían que ese presidente, allá arriba, no dejaba que nadie se le acercara.
¡Aunque Kiara estuviera preciosa, era imposible que se colgara de Joaquín!
La vez de La Cúpula Dorada seguro fue solo un saludo por cortesía, por el grupo del señor Eugenio y esos juniors.
Pero fuera quien fuera el hombre del coche…
Kiara sí se había metido con gente de dinero.
Con esa idea, Tristán sacó el celular y empezó a mandarle mensajes a Kiara.
Dana, Catalina y los demás ya habían alcanzado a llegar, pero solo vieron cómo se alejaba el coche.
—¡Esa desgraciada ni siquiera se baja y se larga así nada más! —Dana zapateó furiosa y escupió hacia donde se fue el coche—. ¡Nosotros la criamos tantos años! ¿Y ahora porque se arrimó a alguien con lana cree que ya es la gran cosa?
Mientras seguía despotricando, volteó a ver a Tristán con tono venenoso:
—¿De qué sirve mandar tanto? Yo digo que… desde que se colgó de un ricachón, ya te bloqueó.
Tristán se quedó quieto un segundo y le aventó una mirada furiosa.
—¿Y eso no es culpa tuya? Si antes la hubieras tratado tantito mejor y no hubieras sido tan venenosa, ¿estaríamos en este mugrero?
—Con lo que ella se arrastraba por nosotros, con tal de que la peláramos… con que tú le hubieras dado tantito cariño, con esa cara nos habría traído un chingo de beneficios a la familia Zúñiga. ¡Pero tú a fuerza la tenías que hacer explotar!
Mientras más hablaba, más se encendía. Cada vez estaba más convencido de que casarse con una mujer nueva rica y sin cerebro había sido un error.
Bajó la mirada, abrió el contacto de Kiara y le marcó.
—Te lo digo: Kiara ya no es la misma. Si logramos que vuelva, la familia Zúñiga se salva.
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