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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 302

Con esa placa, ¿quién no lo ubicaba?

El carro de Jorge, aunque también era un Porsche de tres millones, era de un modelo de hace años.

En Clarosol, eso sí se veía más discreto.

Joaquín hizo que Jorge le llevara las llaves a Kiara y todavía le recordó:

—Aunque andes a las prisas, no se te olvide cenar.

Kiara respondió con un “ajá”, agarró las llaves y se fue de la casa.

Al poco rato, un Porsche negro, de modelo viejo, salió de la residencia.

Joaquín se quedó en la entrada, con la mirada sombría y pesada.

Gloria lo consoló:

—Señor Carrasco, la señorita Ibarra todavía no entiende… tiene que irse con calma.

Joaquín entrecerró los ojos, negros e intensos, y vio hasta que el carro desapareció por completo.

Entonces bajó la mirada.

En ese rostro frío y hermoso ya no quedaba nada de la actitud que había tenido frente a Kiara.

—Lo sé.

Apretó los dientes, conteniéndose esas ideas que le estaban creciendo por dentro.

Ideas…

que no debía tener.

Porque no eran para Kiara.

La chica que él quería conquistar no era como las demás.

Tenía que tener paciencia y, poco a poco, ir abriéndole el corazón.

Solo que…

ese proceso, la verdad, desgastaba.

***

Kiara llegó al corporativo de YB.

Magdalena casi se volvía loca de emoción; todo el equipo también.

Magdalena la recibió con un respeto exagerado y la fue llevando al taller:

—¡Jefa, no inventes! ¿Cómo puedes darme tantas sorpresas? ¡En una noche me aventaste un montón de diseños y ahora vienes en persona! ¿Eso significa que me vas a traer otras decenas… no, cientos de bocetos?

Mientras hablaba, no le quitaba los ojos de encima a la mochila de lona de Kiara.

—¿De dónde sacas que hay tantos? Aunque existan, ¿qué, se les quema el dinero o qué?

Solo Joaquín… ese sí.

Kiara extendió una hoja nueva y empezó a diseñar un vestido para Eloísa, hecho a su medida y con un estilo completamente de ella.

Muy rápido, en el papel apareció un vestido totalmente distinto al que Joaquín había mandado hacer.

Las telas, los detalles… todo traía varias de las ideas pequeñas que Joaquín había pedido.

La misma base de planteamiento, pero dos estilos por completo diferentes.

Kiara quedó muy satisfecha.

No había duda: lo que Joaquín le había pedido sí le había prendido la chispa.

Kiara se metió de inmediato al trabajo manual con el equipo de los mejores maestros sastres.

Tijeras en movimiento, aguja e hilo sin parar.

Cada corte, cada ajuste, al límite de lo perfecto.

En todo el taller solo se escuchaba el zumbido de las máquinas.

Afuera, el día se fue apagando: de claro a dorado, y luego a noche cerrada.

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