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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 292

¿Y ahora la cobradora de diseños se había vuelto otra persona?

Normalmente, si Kiara mencionaba “diseños”, Magdalena se le ponía peor que desesperada.

Y ahora salía con “mejor ni lo tocamos”.

¿La habían cambiado?

El Cártel de los Borradores: [Je, je… El mega-millonario ofreció nueve cifras y pidió que usted diseñe personalmente un vestido de noche. Pero… lo quiere rapidísimo: terminado en cinco días.]

¿Nueve cifras?

Sí estaba… ridículo.

Para ese tipo de gente, el dinero debía ser un número más.

Aun así, Kiara solo pudo pensar: “qué menso, y con un chingo de lana”.

Se quedó callada un momento.

Ahora mismo estaba esperando a que Legión Negra y Alfa cayeran en la trampa; eso requería paciencia.

Tiempo libre, sí tenía.

Y además…

Apenas había vuelto con la familia Ibarra y ya le estaban metiendo tarjetas negras en la mano como si nada.

De alguna forma, también tenía que corresponder.

Y necesitaba materiales caros para ayudar a que todos en la casa se recuperaran bien.

Tenía que entrar dinero.

Kiara: [Dile que por diez mil millones acepto.]

Magdalena se quedó helada y luego explotó de emoción: [¡¡¿Diez mil millones?!! ¡Eso, boss!]

[¡Boss, déjemelo a mí! ¡Voy a negociarlo ya! ¡Pero no se me eche para atrás!]

Que boss por fin se pusiera a trabajar y a cobrar… era de esas cosas que uno no cree ver en la vida.

Magdalena se desconectó en chinga, como si temiera que Kiara se arrepintiera.

Pero a los pocos minutos, volvió.

El Cártel de los Borradores: [Boss, aceptó los diez mil millones sin pensarlo. Pero mandó requisitos de diseño; quiere que lo haga según su idea.]

Kiara: [Mándalos.]

Le llegó un archivo.

La punta del lápiz trazaba líneas que ya se veían impresionantes.

Afuera, el día pasó de claro a dorado, y luego la noche se lo tragó.

Joaquín, por su parte, estaba emocionadísimo: por fin iba a vivir bajo el mismo techo que Kiara.

Ya había armado mil planes para aprovechar esa “cohabitación” y usar su cara como arma.

El plan lo tenía.

Incluso ensayó mil veces qué expresión poner y qué movimientos hacer cuando estuviera frente a ella.

Pero esperó y esperó…

y la puerta del cuarto de Kiara no se abrió.

Llegó la hora de cenar, Gloria preparó una mesa llena de comida y aun así la puerta seguía cerrada.

Joaquín fue hasta ahí y tocó con los nudillos, suave:

—Señorita Ibarra, ya está la cena.

***

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