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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 274

Se tambaleó dos veces y se apretó la frente.

—¿Cómo… cómo pudiste meter a Kiara ahí?

Respiró hondo para calmarse y luego avanzó, casi a trompicones, hacia el rincón más oscuro del pasillo.

Los tres hermanos Zúñiga se miraron entre sí y fueron detrás.

Al fondo del pasillo, pegado al hueco bajo la escalera de caracol, estaba ese cuartito.

La puerta de madera, delgada, ya estaba deformada.

A Tristán le palpitaban las sienes. Alzó la mano y la empujó de golpe.

Le pegó un olor a humedad, moho y polvo.

Tristán tosió y agitó la mano enfrente de la cara.

Lo que vio fue un espacio estrechísimo, con una ventanita mínima por donde apenas se colaba un hilo de luz.

Una cama individual angosta, pegada a la pared, con sábanas baratas ya deslavadas.

Un tocador viejo, con la pintura saltada, y el espejo hasta cuarteado.

Un clóset sencillo, con las puertas chuecas.

Y ya.

Incluso en las esquinas de la pared se veían manchas de agua y moho.

Era tan miserable que hasta el cuarto del personal en esa casa estaba muchísimo mejor.

A Tristán se le nubló la vista de la impresión.

Con la cara dura, se sostuvo la cabeza pesada y se giró de golpe, clavándole la mirada a Dana.

—¡En ese entonces, Kiara seguía siendo la señorita de la familia Zúñiga! ¿Y tú la pusiste a vivir aquí?

—¿Se te olvidó? —Tristán se rio, incrédulo de puro coraje. Señaló a Catalina—. ¿Y entonces por qué Cata llegó y de inmediato tuvo el mejor cuarto, como de princesa? ¿Pero Kiara vivió cuatro años aquí y se te “olvidó” cuatro años?

Con razón… con razón, cuando él dijo que quería traer de vuelta a Kiara y que su cuarto seguía igual, que podía regresar cuando quisiera, Kiara había puesto esa cara tan sarcástica.

Tristán, con el pecho subiendo y bajando de coraje, se volteó y también les gritó a Benjamín y Samuel:

—¿Y ustedes dos? ¿También se les “olvidó”? ¡Viven entrando y saliendo de esta casa todos los días! ¿O qué, están ciegos?

Los dos se quedaron callados, con un gesto de vergüenza en la cara.

Y al ver ese cuartito húmedo y oscuro, y luego pensar en el cuarto amplio y lujoso donde vivía Catalina, como si fuera un castillo…

Hasta Samuel se quedó sin argumentos.

Por primera vez entendieron con claridad…

que lo que le hicieron a Kiara, ese abandono, era algo concreto y cruel.

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