*Si la Sanadora presenta algún comportamiento sospechoso, procedan con la eliminación inmediata en el lugar, sin necesidad de autorización previa.*
Esteban Ibarra entrecerró los ojos al leer la orden.
La tripulación le tenía un gran temor a la Sanadora.
De lo contrario, no le darían acceso temporal y, al mismo tiempo, emitirían una orden de ejecución.
Ese nivel de paranoia indicaba que ella ya había tocado piezas clave pertenecientes al núcleo de la Organización Ocaso Negro.
Y ahora, la Sanadora no solo tenía autorización para entrar a la zona de tratamientos especiales, sino que también contaba con acceso al área externa de la Bodega Sellada.
Justo el punto de entrada que él necesitaba.
Si ella de verdad trabajaba para su hermanita, entonces su situación actual era extremadamente peligrosa.
Cuanto más descubriera, mayor sería la desconfianza de la tripulación.
La Ruta Cero le había dado la llave de entrada, pero, al mismo tiempo, le estaba apuntando a la cabeza.
Y dado que era de los suyos, él tenía que proteger a la amiga de su hermana, al mismo tiempo que averiguaba qué tanta información había obtenido.
Esteban bajó la mirada, apagó su terminal y volvió a observar la zona de tratamientos especiales.
Justo en ese momento, un leve sonido provino del interior.
La puerta de la sala se abrió.
El encargado fue el primero en salir, luciendo un semblante mucho más relajado que cuando entró.
Kiara salió tras él, cargando su maletín.
La mirada de la Sanadora se cruzó con la de Lobo Gris desde el otro extremo del pasillo.
Kiara detuvo su andar por un segundo.
*¿Es él?*
Cuando llegó, se había dado cuenta de la presencia de ese grupo de hombres frente a la sala de tratamiento.
No esperaba que siguieran ahí.
Su mirada se clavó en el líder del grupo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste