Su tono no fue elevado.
Pero cada palabra fue como un martillo de hierro cayendo con fuerza sobre las autoridades de Hesperia.
Los altos mandos palidecieron, y sus piernas comenzaron a temblar.
Lo sabían.
Hesperia estaba completamente acabada.
...
Una vez que la situación en el Centro Tecnológico estuvo bajo control, Kiara, Joaquín y los hermanos Ibarra acompañaron a Tiago Silva y a Carlos de regreso a la embajada de Solarenia.
Era una zona de máxima seguridad.
Tan pronto ingresaron, todas las pruebas principales fueron selladas, clasificadas y verificadas de inmediato.
Las luces del salón principal y de la sala de reuniones provisional permanecieron encendidas toda la noche.
Joaquín colocó personalmente sobre la mesa la caja de documentos recuperados del sector oculto subterráneo.
Luego, extrajo de su interior un viejo archivo de experimentos, con los bordes ligeramente quemados.
La mirada de Kiara se congeló al instante.
Observó aquellas hojas amarillentas de notas manuscritas.
En la esquina inferior derecha había una firma delicada y muy familiar.
—Julia Vargas.
Los ojos de Kiara, que siempre se mantenían tranquilos, casi al borde de la indiferencia, temblaron ligeramente por fin.
Levantó la mano y, al rozar los documentos con la punta de sus dedos, no pudo evitar temblar.
Era como si, a través del papel quemado y envejecido, finalmente lograra tocar a esa persona que solo vivía en sus recuerdos y remordimientos.
Bajó la mirada.
Poco a poco, sus ojos se enrojecieron.
Joaquín, de pie a su lado, habló en voz baja.
—Recuperamos esto del área restringida más profunda. Parte de ello está destruido, pero el núcleo principal sigue intacto.
—Lo que dejó tu abuela... al menos una parte, ha vuelto a ti.
Kiara no respondió.
Se limitó a acariciar suavemente los números de registro y la caligrafía de los documentos.
Eso era obra de Julia Vargas.
Registros principales de transporte de muestras.
Claves de seguridad de alto nivel.
Y datos de transacciones que vinculaban a Hesperia y a Ocaso Negro.
Joaquín apoyó un dedo estilizado sobre una de las columnas del registro de transportes, con la mirada sombría.
—La investigación de tu abuela no se almacenó de una sola pieza.
—A juzgar por los módulos que desmantelaron, parece que Ocaso Negro fragmentó los resultados principales y los almacenó en diferentes sectores, bajo distintos niveles de acceso y con diversos responsables.
—Lo que logramos recuperar esta vez es solo una parte.
Álvaro intervino.
—Y es la parte inicial.
—Fue desglosada a la fuerza por Ocaso Negro, y terminó creando monstruosidades como las Bio-quimeras.
Damián, con la mirada fija en la pantalla, tipeaba furiosamente mientras ahondaba en los datos. Chasqueó la lengua.
—O sea que esos desgraciados todavía no han podido entender la investigación de la abuela. Solo arañaron la superficie y crearon a esos asquerosos monstruos.
—Con razón El Enviado dijo que El Soberano te tiene en la mira.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste