¡Esto era agresión a un oficial! ¡Agresión!
Álvaro mantenía su sonrisa elegante y refinada; el borde dorado de sus gafas brillaba con frialdad y su tono seguía siendo igual de calmado:
—Si tu hermanita dice que es así, es así. ¿A qué viene tanta queja? ¿A quién le importa si lo crees o no?
El mejor soldado de Solarenia, el temido capitán del Comando Draco que hacía temblar a los peores criminales.
En este preciso instante, se sobaba la nuca resignado y bajaba la cabeza dócilmente frente a su hermano mayor y su hermanita.
—...Le creo.
—¿Felices ahora?
Álvaro asintió con una expresión de estar orgulloso de él:
—Así me gusta.
Kiara observó la escena, sonriendo, y sus ojos se rasgaron sutilmente al llenarse de alegría.
Por otro lado, mientras los hermanos hablaban de zombis, Joaquín ya le había quitado el chip a Esteban, lo había conectado a su terminal portátil y había empezado a procesar los datos rápidamente.
Los largos y elegantes dedos del hombre tecleaban con destreza.
En cuestión de segundos, largas líneas de complejos datos analíticos se proyectaron en la pequeña pantalla.
—Lo tengo.
Joaquín le echó un vistazo a los datos, y sus grandes ojos se oscurecieron ligeramente:
—Es un chip de doble función.
—Ocaso Negro usa esto para registrar en tiempo real los parámetros de las Bio-quimeras: velocidad, fuerza, frecuencia de ataque, inhibición de dolor y todos sus niveles fisiológicos durante el combate.
—A través de estos datos, pueden corregir y ajustar constantemente la concentración del suero, optimizando las habilidades de las Bio-quimeras.
—Y, por otro lado...
El dedo de Joaquín tocó suavemente una cadena de datos en la pantalla, con un tono más sombrío:
—Una vez que la Bio-quimera muere, el chip corta inmediatamente el control neuronal que el suero dejó en su cuerpo y envía sus últimas coordenadas a la base de datos de Ocaso Negro.
La expresión de Esteban se volvió tensa al instante:
—O sea que...
Kiara alzó una ceja:
—Están acorralados y desesperados.
Tanto Álvaro como Esteban habían escuchado rumores sobre ese asunto.
Sobre todo Esteban, que abrió los ojos como platos y miró a Kiara con total incredulidad:
—Esa isla... ¡¿tú la destruiste?!
El mes pasado, la noticia sobre la aniquilación de aquella famosa isla privada había sacudido al mundo.
Muchos debatían qué había provocado semejante explosión.
Pero nadie conocía la verdad.
Esteban sabía que Kiara le había entregado información sobre la isla al gobierno, pero pensó que ella solo había obtenido esos datos mediante sus habilidades como hacker.
Nunca imaginó que...
¡Quien había borrado del mapa la isla de Ocaso Negro era nada más y nada menos que su hermanita, Kiara Ibarra!

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