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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1292

El corazón de Esteban tembló con fuerza.

Ni siquiera podía describir qué clase de emociones lo invadían en ese momento.

Solo sentía que la sangre le hervía en las venas.

La mezcla de emociones lo hacía sentir como si estuviera flotando; era incapaz de borrar la sonrisa de su rostro y estuvo a punto de soltar una carcajada mirando al techo.

Sentía que esto valía muchísimo más que toda su pared llena de medallas militares.

Esto era una auténtica bendición para los ancestros de la familia Ibarra.

Con razón todos en casa la trataban como a un tesoro inestimable cuando hablaban de ella, llenándola de elogios sin repetir ni uno, deseando protegerla y mimarla como a lo más preciado de sus vidas.

Ahora todo tenía sentido.

Con una hermana tan increíble y protectora, cualquiera se volvería loco por ella.

Él también quería mimarla.

Él también quería tenerla entre algodones, y cualquiera que se atreviera a tocarla tendría que vérselas primero con sus puños.

—¡Maldita sea, es mi hermanita! —pensó.

Y mientras pensaba en eso...

La mirada de Esteban se desvió lentamente hacia Joaquín.

Ese rostro seductor que desde el principio no le había caído bien, ahora le resultaba aún más irritante, hasta el punto de enfurecerlo.

En ese instante, Esteban entendió perfectamente por qué, desde el primer momento en que vio a ese hombre, sintió un rechazo visceral.

Era un rechazo que venía desde la sangre, incluso antes de saber que Kiara era su hermana.

¿Acaso no era esta la exacta sensación de ver a un cerdo merodeando por el tesoro más valioso de su familia?

El rostro de Esteban se ensombreció y se movió directamente hacia donde estaba Kiara.

Se cruzó de brazos.

Bloqueando por completo la vista que Joaquín tenía de Kiara.

Parecía que estuviera custodiando un botín, fulminando a Joaquín con una mirada de advertencia.

Joaquín, en una rara muestra de contención, guardó sus garras y adoptó una postura amigable, decidido a dejarle una buena impresión a su futuro cuñado, por lo que dijo con su mejor actitud:

—Cuñado.

Pero Esteban no cayó en el juego:

—¡Qué cuñado ni qué nada! ¿Quién es tu cuñado? Te lo advierto, no reconozco la relación que tengas con mi hermanita. Apenas acaba de regresar a la familia Ibarra y tú ya te la quieres llevar. ¡Sigue soñando!

Mantuvo su actitud defensiva, sin darle la más mínima oportunidad de acercarse a Kiara.

Joaquín: ...

En su camino para casarse, acababa de aparecer una nueva e inmensa montaña.

La tensión en el ambiente hizo que Álvaro sintiera ganas de reír.

No tenía ninguna intención de meterse en la competencia infantil entre su hermano y su futuro cuñado. Simplemente abrió los recipientes de comida que había traído y los organizó sobre la mesa.

—Siéntense a comer algo primero —dijo con un tono suave—. Ven, hermanita.

Kiara le dio un vistazo a la comida en la mesa, y luego a los dos hombres que seguían en su guerra silenciosa.

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