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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1245

Los flashes de las cámaras de todo el mundo se desataron como una tormenta.

Los medios de Solarenia, al borde de las lágrimas de la emoción, querían acercar sus cámaras directamente al rostro de Kiara.

—¡Graba, graba rápido!

—¡Cáptalo todo, no te pierdas un solo segundo!

—¡Increíble, absolutamente increíble!

—¡Esto es un orgullo inmenso para Solarenia!

Nadie esperaba que la entrada del equipo de Solarenia fuera a ser tan espectacular.

A lo lejos, la sonrisa triunfal de Jacinto se congeló una vez más; sentía como si le hubiera caído un rayo.

Su expresión era ridícula, con los ojos casi saliéndose de sus órbitas.

¡¿Cómo diablos era posible?!

¡¿Cómo logró salir airosa de eso?!

Todos sus meticulosos planes, en lugar de hacer que la bandera cayera al suelo, terminaron convirtiéndose en la escena más gloriosa y viral de toda la noche gracias a Kiara.

Jacinto sintió que el mundo le daba vueltas y por poco escupe sangre del coraje.

Mientras tanto, tras unos segundos de incredulidad, el equipo de Solarenia liberó toda la tensión acumulada en un estallido de euforia.

Rosana se tapó la boca con fuerza, con los ojos brillando de admiración, y no pudo evitar gritar:

—¡Ahhhhh, qué increíble es nuestra capitana!

Santiago tragó saliva, visiblemente conmovido.

Los demás competidores del equipo enderezaron la espalda, sintiendo el corazón arder en el pecho.

Sabían de la malicia de Hesperia y temían un sabotaje de última hora.

Pero nunca imaginaron que la trampa que sus enemigos les tendieron sería utilizada por su querida Kiarita para coronarlos en un momento de gloria inigualable.

...

La ceremonia de entrada concluyó.

Kiara guio a su equipo hacia la zona designada.

Aún sostenía en su mano el trozo del asta que había quedado roto.

—Si Hesperia solo sabe actuar como ratas de alcantarilla, entonces que no se quejen cuando el mundo los mire con desprecio.

—La próxima vez...

—Lo que se rompa no será un asta.

El empleado temblaba incontrolablemente, el sudor frío le empapaba la camisa y no fue capaz de articular una sola palabra.

Kiara ni siquiera le dedicó una segunda mirada.

Y continuó liderando al equipo de Solarenia hacia su lugar asignado.

A la distancia, Jacinto contemplaba la escena con el rostro tan oscuro que parecía que fuera a estallar de rabia en cualquier segundo.

Una vez que todos los países concluyeron la ceremonia y tomaron sus lugares, un representante de la organización de Hesperia subió al estrado. Empleando un idioma común, comenzó a dar un discurso de apertura lleno de formalidades vacías.

Al principio, todo sonaba bastante normal.

Solo las típicas palabras de bienvenida a los jóvenes talentos de cada nación para participar en esta majestuosa competencia académica, y los deseos de éxito para el torneo.

Pero a medida que avanzaba el discurso...

El equipo de Solarenia empezó a notar que algo no andaba bien.

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