Hay que tener en cuenta algo.
Toda la logística del torneo era responsabilidad exclusiva de la familia Espinoza.
Se suponía que todos estos detalles debían estar bajo su control absoluto.
Sin embargo, el equipo de Solarenia parecía saber de antemano lo que planeaban. A cada paso, esquivaban los obstáculos de los Espinoza, siempre teniendo un plan B perfectamente preparado.
La familia Espinoza no se había enterado de absolutamente nada.
Esa sensación le provocó a Jacinto un escalofrío por la espalda.
Especialmente cuando su mirada se cruzó con la de Kiara; esa extraña sensación se intensificó.
Esa mujer...
Era como si tuviera el poder de predecir el futuro.
No, no.
No era suerte, ni coincidencias.
Era como si, desde el principio, ella jamás hubiera considerado a la familia Espinoza como una amenaza real.
Cuanto más lo pensaba, más se frustraba Jacinto. Apretó los puños y la malicia en sus ojos casi se desborda.
Clavó la mirada en el equipo de Solarenia, fijándose en Kiara, quien estaba al frente.
Se negaba a creerlo.
¡Se negaba a creer que Solarenia seguiría teniendo tanta suerte!
Giró la cabeza e intercambió una mirada cómplice con otro miembro de la organización.
El hombre asintió de manera disimulada.
Jacinto por fin dejó escapar una sonrisa perversa.
Bien.
Sigamos viendo entonces.
Por más que Kiara planeara las cosas.
¡Quería ver cómo se las arreglaba con el próximo espectáculo que le tenía preparado!
...
Poco después, la ceremonia de inauguración comenzó oficialmente.
Una música solemne y emocionante resonó por todo el lugar mientras las luces se encendían progresivamente.
Como era costumbre, el capitán de cada equipo debía llevar la bandera de su país y guiar a sus compañeros a lo largo de la pasarela principal, bajo la atenta mirada del público y la transmisión global.
Kiara, sin lugar a dudas, fue elegida por todos como la capitana del equipo de Solarenia.
—Que vaya Kiarita —dijeron.
—Claro, Kiarita tiene que representar a Solarenia.
Con solo ondearla un poco al entrar al estadio...
¡El asta se partiría en dos!
Y si se rompía...
La bandera caería al suelo.
Durante una ceremonia transmitida a nivel mundial, frente a millones de personas.
Eso sería mucho más que un simple tropiezo.
Se convertiría en la burla internacional más grande de la historia.
¡Un golpe bajo que humillaría a Solarenia de la peor manera imaginable!
Y para colmo, la organización de Hesperia solo tendría que disculparse públicamente...
Y despedir a un supuesto empleado problemático para lavarse las manos.
El profesor Cáceres, que no le quitaba un ojo de encima, notó cómo ella fruncía levemente el ceño al recibir la bandera y sintió una punzada de pánico. En voz baja, preguntó:
—¿Qué pasa?
Kiara mantuvo su expresión impasible y negó con la cabeza.
—Nada.

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