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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1228

Dicho esto, agitó la mano y ordenó a sus guardias de seguridad que avanzaran.

—¡A un lado! ¡Si no se quitan, asumiremos que están encubriéndola!

En ese preciso instante, el profesor Cáceres llegó a toda prisa, alertado por el alboroto.

Al enterarse de la situación, su rostro se oscureció como una tormenta.

—¿Una denuncia anónima? —rugió el profesor—. ¿Y solo con una vil carta anónima tienen la desfachatez de irrumpir a altas horas de la noche con un escuadrón, humillando públicamente a nuestra estudiante? ¿Ese es su concepto de justicia?

El juez lo miró con desdén.

—Profesor Cáceres, le pido que se calme.

—De acuerdo con las normativas internacionales, ante cualquier acusación de dopaje, el comité tiene la potestad absoluta de realizar cateos sorpresivos.

Mientras hablaba, sacó un documento con el sello oficial del torneo.

—Esta es una orden de inspección extraordinaria.

—Bajo las reglas del torneo, tenemos autoridad total para proceder de emergencia.

—Si su equipo se niega a cooperar, declararemos una obstrucción maliciosa y descalificaremos a toda la delegación de Solarenia de inmediato.

Esa frase cayó como balde de agua fría.

Los rostros de los estudiantes palidecieron.

El enemigo había planeado todo a la perfección.

Estaban utilizando los vacíos legales del reglamento para ahorcarlos.

Sabían perfectamente que el objetivo real era ensuciarles el nombre, pero, estrictamente bajo las reglas del torneo, no tenían autoridad para detenerlos.

Si se resistían por la fuerza, la que perdería todo sería Solarenia.

El profesor Cáceres respiró hondo, tragándose la bilis.

—De acuerdo —dijo, con los dientes apretados.

—Permitiremos la revisión.

—¡Pero escúcheme bien! ¡Si no encuentran ni un solo gramo de sustancias prohibidas en la habitación de la señorita Ibarra, ustedes nos deberán una disculpa pública y una explicación oficial ante el mundo entero!

Jacobo Tenorio no le dio la más mínima importancia a la advertencia.

—¡Esto es una inspección oficial del comité!

Rosana y Santiago enderezaron la espalda al unísono.

—¡No nos movemos!

En ese momento, entre la multitud de guardias, se asomó la cabeza de Jacinto Espinoza, con una sonrisa torcida y rebosante de sarcasmo.

—¿Qué pasa? ¿Tienen miedo de abrir?

—Me huele a que tienen la conciencia bastante sucia.

—¡Apostaría mi vida a que solo están ganando tiempo para que esa perra de Kiara destruya las pruebas!

—¡Cierra tu sucia boca! —escupió Rosana, fulminando a Jacinto con la mirada—. ¿Cómo es posible que sigas ladrando, pedazo de basura? ¿Cómo te atreviste a colarte al hotel cuando tienes la entrada prohibida?

Jacinto sonrió con pura malicia.

—Si no hubiera venido a ver, me habría perdido este espectáculo de cobardía. ¿Conque Solarenia es el mejor equipo? ¡Me pregunto si no habrán llegado a la cima tragando pastillas!

—¡Maldito infeliz! —Rosana apretó los puños y estuvo a punto de lanzársele a la yugular.

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