—¿Cómo van las cosas por Hesperia? ¿Los preparativos del torneo van bien? ¿Los estudiantes de los otros países te tratan bonito? ¿Alguien se ha metido contigo?
Apenas contestó, una avalancha de preocupaciones maternales inundó la línea.
Kiara, con una mano en el bolsillo, de pie en medio de un charco de sangre y cuerpos amontonados, respondió con un tono inusualmente paciente y sereno.
—Todo está bien, mamá. Nadie se mete conmigo y los demás competidores son agradables.
—¿Y la comida? ¿Estás comiendo bien? —insistió Vanesa—. Si la comida de allá no te gusta, dile a tu hermano mayor que te lleve a algún restaurante de nuestra Solarenia. O, si prefieres, te mando un chef privado para allá. ¿Te alcanza el dinero? Si necesitas más, dímelo, mi niña, no te prives de nada.
El Comando Draco no sabía dónde meterse.
Miraban a la chica frente a ellos... la misma que acababa de masacrar a los bio-quimeras a mano limpia, que había fracturado huesos como si fueran ramitas y que había sometido a su legendario capitán contra el piso... parada ahí, hablando con su mamá con la obediencia de una niña de preescolar.
Las expresiones de los soldados eran dignas de enmarcar.
Kiara, sin embargo, no movió ni un músculo de la cara.
—El dinero está bien, y la comida es aceptable. No te preocupes.
Vanesa siguió parloteando, su voz rebosante de un amor incondicional y una preocupación que cruzaba océanos.
—¿Y si tu papá, tu abuelo y yo compramos vuelos ahora mismo y vamos a Hesperia a echarte porras? —Vanesa sonaba cada vez más emocionada—. Total, tu hermano mayor ya está allá. ¡Podríamos hacer un viaje familiar!
Al escuchar ese torrente de cariño, la mirada fría de Kiara se suavizó sin que ella misma se diera cuenta. Hasta su voz perdió el filo.
—No, mamá, no hagan ese viaje. Es demasiado cansado y no le hará bien a la salud del abuelo. Además, el torneo se transmite a nivel mundial, pueden verme desde la casa. En cuanto termine todo, regreso.
—Ay, está bien... —suspiró Vanesa con tono de derrota—. Debí haberme ido contigo ayer, mi niña hermosa.
Tras un par de intercambios más, Vanesa pareció notar algo raro.
—Oye, ¿dónde estás ahorita? Allá deben ser como las nueve de la noche, ¿no? ¿Ya estás en la cama? Se escucha demasiado silencio.
Kiara le echó una mirada periférica a los cuerpos destrozados de los bio-quimeras esparcidos por el suelo y luego a los soldados del Comando Draco, que la miraban como si vieran un fantasma.
—Salí a comprarme un latte —mintió sin que le temblara la voz—. Ya voy de regreso al hotel a descansar.
Dante y todos sus hombres tenían expresiones indescriptibles.
Incluso se preguntaban si la pérdida de sangre les estaba causando alucinaciones colectivas.
El contraste.
El contraste era simplemente demasiado absurdo.
La misma chica que había destrozado la rodilla de un alto mando de Hesperia, que había aniquilado a una docena de monstruos sin inmutarse.
La que había trapeado el suelo con el invencible capitán.
Acababa de... ¿Acababa de poner cara de niña buena y decir "besitos, mami" con el tono más dócil del mundo?
¡¿Quién diablos podía procesar algo así?!
Aquellos duros veteranos curtidos en la sangre y la guerra, sintieron que la cabeza les iba a explotar.

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