Elián llevaba bastante tiempo sin acercarse a Irmina de manera íntima.
Mientras hablaba, le dio un beso suave en la mejilla, y con la voz baja y profunda le preguntó:
—¿Te provoca?
Aunque no había hecho nada aún, su voz ya tenía ese tono cálido y tentador que le hacía difícil resistirse.
Irmina sintió las mejillas arderle y, casi sin pensarlo, intentó apartarlo un poco empujando su pecho, que se acercaba cada vez más.
Elián soltó un leve quejido, e Irmina pensó que, en la oscuridad, tal vez había tocado alguna herida sin querer. Se tensó de inmediato.
—¿Qué pasó? ¿Te hice daño?
Levantó la mano con la intención de desabotonar la camisa de Elián para revisarlo.
Pero él la tomó de la mano y la atrapó entre sus dedos, sonriendo.
—Me puse triste al verte rechazarme, pero parece que más bien eres tú la que está con afán.
Irmina, al ver que estaba bien y todavía podía bromear, frunció el ceño. Quiso darle un manotazo, pero temía lastimarlo, así que solo lo miró con reproche.
—No vuelvas a bromear con tu salud.
Porque de verdad le preocupa.
Elián, entendiendo lo que Irmina quería decir, le sonrió sinceramente.
Irmina lo miró, aún con la cara colorada, y le habló en voz baja y seria.
—Puedes quedarte aquí, pero no vamos a hacer nada más. Anda, ve a lavarte los dientes, justo tengo unas cosas que preguntarte.
Ella quería saber si Elián había notado algo extraño en Andy cuando fue a buscarlo.
Le preocupaba que Andy estuviera pasando por algún problema en el colegio, o que hubiera cerca alguien con malas intenciones.
Elián asintió y fue al baño.
Cuando volvió, vio que Irmina seguía en la cama esperándolo, así que se le acercó directamente, se acomodó a su lado y la abrazó con fuerza.

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