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¡Hasta Nunca, Bastardo del Amor! romance Capítulo 841

Violeta no se dio cuenta de nada y siguió hablando, hasta que la voz de Elián, grave y fría, la interrumpió.

—Silencio.

Violeta se quedó pasmada, pensando que Elián la había callado porque estaba hablando demasiado. Su rostro palideció y se quedó sin palabras.

Fue entonces cuando notó que Andy se había quedado dormido y, al darse cuenta de eso, soltó un suspiro de alivio. Bajó la voz y le habló a Elián.

—Hoy la clase de educación física estuvo fuerte, así que seguro el niño está cansado.

Elián no le contestó. Solo puso su mano en la espalda de Andy y lo acercó hacia sí, dejando que Andy se acomodara en su hombro.

Viendo el gesto tan sutil y cuidadoso de Elián, Violeta se mordió el labio, dudando.

—Hace días no veo a la señorita Monroy venir a buscar a Andy. ¿Pelearon? La verdad, he escuchado algunas cosas sobre ustedes dos.

—Después de todo, el presidente Fuentes es tu papá, y Andy ahora está bien, contigo. La señorita Monroy fue un poco exagerada, la verdad.

Violeta sentía que estaba defendiendo a Elián en todo este asunto.

Pensaba que, en el fondo, Elián también debía estar molesto por la actitud de Irmina.

Al fin y al cabo, el presidente Fuentes era su papá.

—Todos cometemos errores, ¿no? Mientras sean errores que se pueden arreglar, siempre hay oportunidad de perdonar.

Violeta ni siquiera se fijó en que Elián, sentado en el asiento de atrás, ya tenía el rostro endurecido de la rabia.

El conductor, al escuchar todo lo que decía Violeta, solo pensaba que la profesora estaba metiendo la pata.

Porque todos sabían que, en ese accidente, Elián casi pierde la vida.

Si no hubiera arriesgado todo para traer de vuelta a Andy, el destino del niño habría sido igual al de Nuriel y los otros.

El conductor la miró de reojo, como diciéndole que era mejor que dejara de hablar.

Pero Violeta, como si no entendiera su lugar, siguió hablando.

—La señorita Monroy es demasiado mandona con esto. Debería al menos escuchar lo que tú piensas.

Elián soltó una risa seca, casi un gruñido.

Violeta creyó que por fin estaba diciendo lo que Elián sentía, y sus ojos brillaron de satisfacción.

—Si yo fuera...

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