Violeta no se imaginó que, hace apenas unos días, cuando escuchó a Irmina preguntarle si quería enviar a Andy a la escuela como sugería el colegio, Irmina ya había hecho todos los arreglos necesarios para inscribir a Andy.
Si Andy volvía a la escuela, ¿acaso eso no significaba que ella ya no podría venir todos los días a la casa grande a enseñarle?
Sintió cómo se le apretaban los dedos alrededor de los cubiertos, se mordió el labio con fuerza y respiró hondo, tratando de calmarse.
Rápidamente bajó la mirada hacia Andy, que estaba sentado a su lado, y le habló con una voz suave.
—Andy, ¿ya tienes tantas ganas de volver al colegio?
—¿Eso quiere decir que ya mañana no tendría que venir? El tiempo de verdad pasa volando. Ya va a llegar el momento de separarnos y, la verdad, me cuesta aceptarlo.
Andy escuchó las palabras de Violeta y en sus ojos apareció un brillo de tristeza.
Durante ese tiempo, había compartido mucho con Violeta, y ella siempre había sido muy paciente y cariñosa con él.
—Yo tampoco quiero que te vayas, profe Ávila —contestó Andy, con un dejo de melancolía en su mirada. Luego levantó la cabeza y miró a Irmina, preguntando en voz baja—: Mami, ¿entonces si vuelvo al colegio, la profe Ávila ya no me podría seguir enseñando?
Irmina se quedó pensando unos segundos y respondió con seriedad.
—Es así, hijo. No quiero que te sobrecargues de tareas, por eso los fines de semana quiero que los aproveches para descansar y disfrutar.
—Así que trataremos de no ponerte más clases extras. Además, en el colegio ya tienes muchas materias y actividades, suficiente para aprender y divertirte.
Las palabras de Irmina llamaron la atención de Andy, quien enseguida empezó a preguntarle sobre las clases que tendría.
Irmina le fue respondiendo una por una, con paciencia.
Violeta notó cómo, tan fácil y rápido, Irmina había logrado desviar la atención de Andy. Apretó los dientes en silencio, sintiendo una ligera molestia por dentro.
Después de la comida, Irmina le pidió al chofer que la llevara de vuelta.
Al llegar a la puerta, Violeta reunió valor, miró a Irmina y le habló.
—Señorita Monroy, ¿podría hablar contigo un momento?

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