Nuriel quiso acercarse y agarrar a Amalia del brazo. —No pueden hacerme esto, Amalia, somos mujeres las dos, no puedes...
Estaba a punto de tocarla cuando Tirso jaló a Amalia hacia sí, protegiéndola y sin dejar que Nuriel se acercara ni un paso más.
De inmediato, los hombres de Tirso sujetaron a Nuriel y la alejaron del vehículo.
Al ver esto, los cazadores de recompensas no tardaron en lanzarse a por ella.
Al fin y al cabo, la gente de Samuel había ofrecido una suma tremenda por encontrar a Nuriel.
Solo tenían que entregarla para recibir una fortuna.
Los hombres de Tirso la soltaron y se retiraron.
Enseguida, Nuriel quedó rodeada y la empujaron de un lado a otro para arrebatársela.
A nadie le importaba si le dolía; lo único que querían era quedarse con ella, y en medio de los jalones, Nuriel solo podía sentir el cuerpo adolorido.
Por más que suplicaba, parecían estar todos fuera de sí, como si nada de lo que dijera pudiera frenarlos.
Amalia observó la escena con el ceño fruncido.
Tirso le tapó los ojos con la mano y le habló en voz baja.
—Si no puedes mirar, mejor no mires, o después vas a tener pesadillas.
—No soy tan frágil —respondió Amalia con un resoplido, bajando la voz.
—Esto es lo que se merece. Cuando decidió aliarse con Samuel, tenía que saber cómo iba a terminar.
Era igual que ella, debía hacerse responsable de sus propias decisiones.
Tirso miró de reojo a la mujer a su lado. El maquillaje impecable de Amalia seguía intacto, aunque su traje tenía algunas manchas por el forcejeo con Nuriel.
Antes, solía molestarse por cualquier suciedad, pero ahora ni siquiera le daba importancia.
—¿De verdad no le guardas rencor a Elián? —preguntó Tirso.
Amalia negó con la cabeza.
—Ya había pensado en las consecuencias antes de todo esto, ¿cómo iba a tenerle rencor a nadie? Todo lo que pasó fue elección mía. La quiebra de los Duque era algo que ya me imaginaba, así que puedo aceptar este final.

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