Irmina miró a Camila, confundida, con una pizca de duda en su rostro.
No terminaba de entender por qué el tío de Camila tenía que encargarse de todos los preparativos para el compromiso entre Benigno y ella.
Después de todo, los padres de Camila seguían vivos.
Sin embargo, al pensarlo mejor y recordando el carácter de Faviola, Irmina se imaginó que tal vez Camila la consideraba poco apropiada para una ocasión tan importante. Por eso había acudido a su tío.
La familia Duarte y la familia Azul iban a unir lazos.
Ahora que su tío era el cabeza de la familia Azul, era lógico que le diera tanta importancia a este matrimonio.
Además, Rufo tenía una posición muy respetada en Xalpina. Si él tomaba las riendas de la organización, la familia Duarte entendería que la familia Azul sí estaba comprometida en que esa boda se llevara a cabo.
La señora Duarte era orgullosa, siempre buscando quedar bien ante los demás; si Rufo se hacía cargo de todo, los Duarte ni siquiera se atreverían a menospreciar a Camila.
Camila realmente sabía cómo jugar a su favor.
Pero si todavía no había entrado oficialmente a la familia Duarte y ya estaba tan pendiente de cada detalle, Irmina pensaba que cuando lo hiciera, seguramente viviría siempre alerta, cuidando cada paso.
A Irmina le parecía una vida demasiado agotadora.
Camila entonces cambió de tema, como si no quisiera hablar más del compromiso con Irmina.
Irmina la miró tranquila.
En realidad, después de tratar con Camila en este tiempo, Irmina ya había notado que Camila no era una persona presumida ni le gustaba alardear.
Clarisa no estaba allí, y entre ellas dos no había ningún tipo de rivalidad, así que aunque Camila quisiera presumir sobre lo bien que la trataba la familia Duarte… ¿qué más daba?
Irmina no sentía ni una gota de envidia por lo que Camila tenía.
Antes pensaba que Camila y Nuriel eran muy parecidas, pero ahora le quedaba claro que Nuriel no podía compararse con Camila.
Camila era demasiado lista, siempre buscando sacar el mayor provecho para sí misma.
Irmina posó los ojos en Camila, quien en ese momento bajó la mirada y revisó el celular.
De repente, se le notó de buen humor. Le sirvió una copa de vino a Irmina y la puso frente a ella.
—Irmina, acompáñame con una copa, ¿sí?
Irmina negó el ofrecimiento.
—Últimamente no me he sentido bien, ando tomando medicamentos, así que no puedo tomar.

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