Elián entrecerró los ojos, sorprendido de que, incluso al final, Samuel todavía intentara provocarlo con esas palabras.
Si a Irmina realmente le hubiera pasado algo, quizás habría perdido el control por culpa de Samuel.
Por suerte, Irmina estaba bien.
Elián miró a Samuel con frialdad, sin rastro de afecto en su mirada.
—No.
—Perdiste.
—Todo.
Samuel se quedó pasmado.
La ventanilla trasera del carro bajó y, desde adentro, Irmina miró a Samuel.
El rostro de Samuel se tensó, apenas podía sostenerse en pie.
Afuera, los periodistas, al ver a Irmina, mostraron la misma expresión de asombro.
Un segundo después, la ventanilla volvió a subir.
Algunos reporteros se sintieron afortunados de haber captado el momento en que Irmina bajó la ventana.
Samuel, en ese momento, sintió que todo se le venía abajo.
El líder que siempre había hablado bien de Samuel y le había dado la cara ante los demás, fue arrestado.
El personal que vino desde la capital descubrió que, durante años, habían estado colaborando con Samuel y habían aceptado mucho dinero de él.
Además, cuando Samuel cometió errores, siempre lo habían ayudado a encubrirlo.
Ya preso, Samuel seguía negándose a aceptar su culpa.
Él creía que, mientras Nuriel no apareciera, nadie podría condenarlo.
El abogado le dijo claramente a Samuel que todos los que estaban detrás de él habían sido arrestados y llevados en secreto a la capital para ser investigados.
Ahora no quedaba nadie que pudiera ayudarlo, así que sería mejor que aceptara su responsabilidad y confesara, tal vez así podría recibir una condena más leve.
Samuel no podía creer que quienes lo respaldaban hubieran caído tan fácil. Negó con la cabeza.
—Imposible.
No confiaba en el abogado, pensaba que le estaba mintiendo.
El abogado, al ver a Samuel casi fuera de sí, se frotó las sienes.
—Señor Fuentes, lo que le digo es cierto, usted...
El abogado no terminó la frase, porque un empleado lo interrumpió con voz grave.

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