La familia Duarte tenía un montón de parientes. La señora Duarte quería que Camila y Benigno los identificaran a todos antes de comprometerse, así el día del compromiso todo saldría perfecto.
La mamá de Clarisa, aunque por dentro estaba un poco inconforme, por fuera mantenía la compostura.
—La señora Duarte sí que es previsiva —dijo, con una sonrisa forzada.
Camila, notando el tono de su mamá, le habló suavecito:
—Sí, mamá.
—Por eso tienes que acostumbrarte —siguió Camila—. Cuando me case con Benigno, lo más seguro es que me quede a vivir en la capital.
—Después de casada casi no voy a tener oportunidad de volver. La familia Duarte siempre tiene mil cosas, y los invitados nunca faltan. Yo también tengo que aprender de la señora Duarte; después del matrimonio, verse cada tres o cinco años será lo normal.
La mamá de Clarisa asintió, con un gesto incómodo y un dejo de nostalgia en los ojos.
Pero después, al pensar que si Camila se casaba con Benigno, Clarisa quedaría por debajo, esa tristeza se fue diluyendo poco a poco.
—Mamá entiende —dijo al final—. Lo único que quiero es que estés bien. Así yo me quedo tranquila.
Camila sonrió apenas, sin decir nada más.
¿Quién podía asegurar que realmente iba a estar bien?
En el fondo, después de convivir con la señora Duarte, Camila se había dado cuenta de que era una mujer con un carácter posesivo fuerte. Probablemente, al no poder controlar a su hijo, buscaba la forma de tener bajo control a su futura nuera.
Camila, por fuera, no mostraba ninguna inconformidad, pero en el fondo acumulaba cierto resentimiento.
Después de todo, ese camino lo habían elegido entre todas.
La mamá de Clarisa vio que Camila guardaba silencio y miraba por la ventana, perdida en sus pensamientos. No pudo evitar preocuparse.
—¿Camila, tú y Benigno se llevan bien? —preguntó.
—Mmm —respondió Camila, sin mucho ánimo—. Yo creo que sí, más o menos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Hasta Nunca, Bastardo del Amor!