Elián había logrado destituir a Samuel de la presidencia del Grupo Fuentes con sorprendente facilidad.
Después de salir del centro de detención, Gustavo fue llevado al coche por Patricio.
"Don Gustavo, ¿volvemos al viejo caserón?", preguntó Patricio.
Gustavo asintió con la cabeza, sin decir más.
Mantuvo el silencio, mirando por la ventana.
Patricio, al notar su estado, indicó al conductor que iniciara el trayecto.
Miró a Gustavo con cautela, sin saber qué palabras usar para consolarlo.
Al fin y al cabo, Samuel era su único hijo, y Gustavo había depositado muchas esperanzas en él.
Ahora que las cosas estaban así, Gustavo era quien más sufría.
No pronunció una sola palabra hasta que llegaron a la Mansión Fuentes.
Su rostro permanecía inexpresivo, como si le hubieran arrebatado todas las emociones de golpe.
Patricio, sintiendo compasión, decidió mencionar a Elián.
"Don Gustavo, ya que ha hablado con Elián, puede estar tranquilo."
"No se preocupe por los asuntos de la familia Fuentes, Elián se encargará de todo."
Gustavo respondió con un simple "mm", apoyando su mano en el reposabrazos de la silla de ruedas. Después de un largo rato, finalmente dijo:
"Todo esto es culpa mía, nunca debí permitir que Melitina y Samuel se casaran."
Si Samuel hubiera elegido a Ivana desde el principio, quizá las cosas serían diferentes ahora.
Patricio, al escuchar esto, se apresuró a responder.
"Don Gustavo, esto no es culpa suya."
"Además, cuando Samuel se casó con Melitina, fue él quien dio el visto bueno, y estuvieron felices juntos durante un tiempo."
"No puede culparse por eso."

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