"Papá..."
"De verdad, esas cosas no tienen nada que ver conmigo, es Irmina quien quiere culparme. Aún no han encontrado ninguna prueba. Si no me ayudas, nadie lo hará."
"¿Vas a quedarte de brazos cruzados viendo cómo tu único hijo es acusado injustamente y termina en prisión?"
Samuel no estaba dispuesto a cargar con toda la culpa.
Por ahora, Irmina no había encontrado pruebas, y por el momento Eliseo no lo había delatado.
Mientras él insistiera en que no tenía nada que ver con lo ocurrido, no podrían hacerle nada.
Solo necesitaba convencer a Gustavo para que lo sacara de allí, y entonces todo cambiaría.
Gustavo miró a Samuel con el ceño fruncido.
Samuel se apresuró a hablar.
"Papá, he estado colaborando con la investigación todo este tiempo. Si realmente tuviera algo que ver, ¿crees que estaría aquí hablando contigo?"
Justo cuando Samuel iba a seguir hablando, el teléfono de Patricio sonó.
Patricio sacó el teléfono y al ver que era Elián, su rostro mostró sorpresa. Rápidamente dijo:
"Don Gustavo, es el joven Elián."
Al escuchar esto, Gustavo se apresuró a tomar el teléfono y ponerlo en su oído.
"Elián?"
"Viejo, ¿me buscabas?"
La voz de Elián sonaba algo ronca y débil.
Al escuchar la voz de Elián, Gustavo finalmente respiró aliviado, y no pudo evitar que las lágrimas corrieran por sus mejillas.
"¡Malcriado! ¿Cómo te atreves a desaparecer así? Tanto tiempo sin saber de ti, ¿quieres matarme de preocupación?"
Patricio, en el camino al centro de detención, había enviado muchos mensajes a Irmina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Hasta Nunca, Bastardo del Amor!