Irmina continuó hablando, su tono era suave pero con un filo que no pasaba desapercibido.
"¿En serio crees que eres tan afortunado en esta vida de holgazanería? Ni siquiera has ganado un billete de lotería, ¿y piensas que todo te va a salir bien?"
"Él solo quiere mantenerte como chivo expiatorio por un tiempo. Cuando todo esté listo y asegurado, tú serás el que pague el precio, a su conveniencia."
Eliseo mantenía una expresión indiferente, pero su mirada hacia Irmina mostraba cierta inquietud y duda. Era evidente que las palabras de Irmina habían tocado una fibra sensible.
"Tú eres inteligente, debes saber que solo los muertos guardan silencio para siempre, ¿verdad?"
"¿Crees que él quiere asegurarse de que nunca hables?"
La expresión de Eliseo se tornó seria. Miró fijamente a Irmina y, después de un largo silencio, le preguntó.
"¿Y qué me ofreces a cambio?"
Irmina frunció el ceño.
El personal que acompañaba a Eliseo observaba a Irmina con seriedad, al tiempo que advertía a Eliseo.
Irmina, con las manos bajo la mesa, las apretó con fuerza. No era de extrañar que Nuriel fuera tan descarado, había heredado eso de su padre.
Eliseo, tras la advertencia del personal, sonrió con incomodidad y se disculpó antes de dirigirse a Irmina.
"Señorita Monroy, tengo que asegurarme un poco."
Cuando Irmina iba a responder, el abogado Abrahán intervino con voz firme.
"Si colaboras con la verdad, podemos ofrecerte un acuerdo de indulgencia, y tu condena será más leve."
Eliseo soltó una risa seca.
"¿Así que de todas maneras voy a ir a la cárcel?"
Abrahán mantuvo su mirada severa.
"Cometiste un delito, y la cárcel es inevitable."
"Estamos dispuestos a ofrecer indulgencia debido a tu cooperación, Eliseo, pero no abuses de nuestra disposición."
Eliseo, sin mediar palabra, miró a Irmina y habló con voz grave.

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