"Cornelio, ustedes son campesinos honestos, ¿verdad? Entonces, ¿por qué están aquí detenidos?", preguntó el líder del grupo, mientras Cornelio y Alejandra se aferraban a la esperanza de que todo fuera un malentendido.
"Señor, mi esposa y yo no sabemos nada sobre ese delito de encubrimiento del que nos acusan. Somos inocentes, no hemos visto ni oído nada sobre Faustino", respondió Cornelio, tratando de obtener alguna pista de los oficiales.
Los oficiales, con caras serias, miraron a Cornelio sin mostrar emoción alguna. El silencio y la mirada penetrante del oficial hicieron que Cornelio se quedara sin palabras, sintiendo un nudo en el estómago.
Al voltear a ver a Alejandra, Cornelio notó que ella estaba completamente perdida, sin saber qué hacer. Con un suspiro de resignación, trató de recomponerse.
"¿Acaso arrestaron a Faustino?", preguntó Cornelio con temor. "¿Él les dijo que lo encubrimos? Nosotros no sabemos nada de lo que él ha estado haciendo. Somos inocentes..."
Un oficial lo interrumpió, "Si son inocentes o no, no lo deciden ustedes. Tenemos pruebas de que encubrieron a Faustino. Si cooperan, podríamos considerar una sanción más leve. De lo contrario, enfrentan consecuencias más severas."
Cornelio se quedó sin palabras, impresionado por la advertencia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Hasta Nunca, Bastardo del Amor!