Cira acababa de salir de su apartamento y apenas había doblado la esquina en su carro cuando alguien la detuvo; miró confundida y al siguiente instante vio a Irmina bajándose de otro vehículo que estaba adelante.
Cira se quedó paralizada por un momento antes de abrir la puerta y bajar: "¿Hermana?".
Irmina asintió, abriendo la puerta trasera de su auto y dijo con voz serena: "Sube, hablamos en el camino".
Cira dudó por un momento, pero finalmente se dirigió hacia el auto. Una vez que entró, Irmina hizo lo mismo y le indicó al chofer que arrancara. Cira echó un vistazo atrás, viendo cómo su propio carro era llevado.
"Hermana...", la voz de Cira denotaba nerviosismo. En ese momento que estaba frente a Irmina, no se atrevía a mostrar el más mínimo atisbo de mal humor.
Irmina sacó una tableta y se la pasó: "Esta cuenta es tuya, ¿verdad?".
Cira asintió: "Sí", era su cuenta secundaria. La noche anterior había usado esa cuenta para informarse sobre las condiciones de vida y los dialectos de algunas minorías étnicas en Nebula, no esperaba que Irmina supiera de esa cuenta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Hasta Nunca, Bastardo del Amor!