Elián terminó de hablar y, de un tirón, levantó a Emilio del suelo. Los oficiales que estaban presentes intentaron acercarse para mediar en la situación. Pero Elián, alegando que se trataba de un asunto familiar, logró desviar su atención; estaban en una situación complicada.
Samuel se había negado a responder llamadas y Elián estaba investigando su paradero. Debía de haber tomado otra ruta en algún punto ciego para la vigilancia con Andy y cambiado de vehículo. Desde la Universidad Nebula hasta allí había demasiados puntos ciegos que revisar uno por uno.
Emilio se resistía con fuerza, pero Elián no le mostró compasión. Tras unos cuantos golpes, él ya no se atrevií a resistirse, aunque su mirada todavía destilaba rencor. Con un semblante frío, Elián enfrentó esa mirada vengativa y dijo con severidad: "Será mejor que pienses si Samuel te ha dicho a dónde iba en este tiempo o cómo podemos contactarlo".
Emilio apretó los dientes con fuerza, mirándolo con sarcasmo: "Incluso si supiera a dónde fue, jamás te lo diría. Puedes olvidarte de eso".
Elián lo agarró del cuello de la camisa y lo acercó a su rostro, con una mirada aguda como si fuese un cuchillo: "Te doy una hora para que lo consideres, de lo contrario, tengo muchas maneras de hacerte sufrir".
Emilio respondió con una risa fría: "¿Acaso debería temer tus torturas?".

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Hasta Nunca, Bastardo del Amor!