Desde la última vez que Elián la llamó en el restaurante, Irmina no había vuelto a recibir ninguna llamada de él; sus días parecían haber vuelto al tiempo justo después de su divorcio, cuando ambos no se contactaban y parecía que ya no tendrían nada que ver el uno con el otro.
Irmina había dedicado todo su tiempo al trabajo y a sus hijos. Ese día, había salido temprano del trabajo con la intención de ir a buscar a su hijo a la escuela. Normalmente, a esa hora, Andy ya habría salido de clases. Sin embargo, ella esperó hasta que todos los estudiantes se fueron y aún no veía a su pequeño por ninguna parte; rápidamente, sacó su teléfono y llamó a Ana.
Ana contestó de inmediato, e Irmina le preguntó: "Comadre, ¿Andy se fue contigo?".
La voz de Ana sonó sorprendida: "Me dijiste esta mañana que saldrías temprano del trabajo para buscar a Andy, así que pensé que ya lo habías recogido, ¿no lo has hecho?".
Irmina tomó una profunda respiración, nunca había enfrentado una situación como esa y rápidamente dijo: "No he encontrado a Andy".
Un sentimiento de inquietud se apoderó de ella: "Voy a revisar su salón de clases, tal vez se quedó jugando y no ha salido", habló con voz grave, pero sus propias palabras no lograron calmarla. Rápidamente, se dirigió hacia la entrada de la escuela.
El personal de seguridad la detuvo en la entrada: "Disculpe, señora, pero no se permite el ingreso a los padres sin invitación".
Irmina explicó rápidamente su situación: "Mi hijo aún no ha salido, necesito entrar para buscarlo".

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