"Irmina, de cualquier manera, tienes que creerme esta vez. Lo digo en serio, nunca te haría daño a ti ni a Andy", Elián mantenía su cabeza alta, mirándola con una mirada llena de deseo, esperando que ella pudiera darle algo de confianza.
Ella lo observaba en silencio, sus profundos y brillantes ojos se clavaron en él por unos segundos antes de hablar suavemente: "Ya es tarde, deberías volver a descansar. Seguro que mañana tendrán muchas cosas que hacer".
Irmina no podía responder directamente a Elián; después de todo, Samuel y él siempre serían padre e hijo, y existía un vínculo entre ellos. Si llegaba el día en que ambos se reconciliaban, su posición en medio se volvería bastante incómoda. Por ello, ella prefería no involucrarse en sus asuntos. Mientras Samuel no hiciera nada que pudiera dañar a Andy, ella no se metería en los problemas entre esos dos.
Elián, al ver que ella no respondía directamente a su pregunta, comprendió que ella debía tener otras preocupaciones en mente; tomó una profunda respiración, sin insistir más en el asunto: "También deberías descansar pronto, mañana tienes que trabajar".
Irmina asintió con la cabeza. Elián entonces dijo: "Entonces me voy. Cuando las cosas en la familia Fuentes se estabilicen, le explicaré todo lo que ha pasado a Andy".
Ella solo pudo responder con un murmuro. Andy siempre había querido mucho a Elián, y a pesar de todo el alboroto reciente con Amalia, creía firmemente que Elián no era de los que cambiaban fácilmente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Hasta Nunca, Bastardo del Amor!