Clarisa había estado esperando a Irmina en su oficina hasta que terminara su jornada laboral. Durante todo el tiempo, ella no mostró ninguna señal de tristeza en su rostro, e incluso después de atender a los pacientes, se dio el tiempo de charlar con Clarisa.
Al ver el estado de ella, Clarisa no pudo más que sorprenderse: "¿De verdad lo has superado?".
Al ver su cara de preocupación, Irmina no pudo evitar sonreír resignada y dijo: "No es que lo haya superado, pero tampoco me ha afectado en lo más mínimo esta situación. Las cosas están un poco complicadas ahora, ya tendremos tiempo de hablarlo con calma más adelante".
Clarisa asintió suavemente, diciendo en voz baja: "Bueno, entonces, si no te ha afectado, me alegro. Aunque parece que vine por nada".
Irmina sonrió suavemente y le respondió: "¿Cómo puedes decir que fue en vano? Andy ha estado extrañando mucho a su madrina. Hoy que vienes conmigo a casa, se pondrá muy contento al verte".
Al escucharla mencionar a Andy, Clarisa no pudo evitar sonreír: "Eso es, todavía tengo mi lugar en su corazón".
Después del trabajo, ambas regresaron juntas a la casa. Preocupada por que Irmina estuviera reprimiendo sus emociones, Clarisa insistió en conducir, para mayor seguridad.
Al llegar a casa, no vieron a Andy en el patio. Normalmente, a esa hora, el pequeño ya habría regresado con Ana y estaría en el patio jugando con sus insectos. Ellas entraron al salón y vieron a Andy sentado en el sofá, con un aire de desánimo en su rostro.
Al ver a Clarisa, los ojos del niño se iluminaron, pero su comportamiento no mostró demasiada emoción: "¿Madrina, has vuelto?".

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