Luis se veía algo incómodo, forzando una sonrisa mientras hablaba: "Dra. Monroy, no es mi intención despedirla. Lleva tantos años trabajando en nuestro hospital y siempre he respetado su profesionalidad y carácter. Solo que últimamente, la opinión pública ha sido bastante dura y solo me preocupa que no pueda soportar la presión".
Irmina respondió con serenidad: "Luis, no tienes por qué preocuparte, puedo manejar la presión".
Romina soltó un bufido y dijo: "Dra. Monroy, ahora todo el hospital está bajo escrutinio por su causa, y todos están sintiendo la presión. Si usted puede manejarla, ¿cree que todos los demás también pueden?".
Luis frunció el ceño, claramente molesto por la interrupción constante de ésta: "¡Romina!".
Al ver que él estaba empezando a enojarse, Romina apretó los labios y luego dijo: "Mejor me voy a ocupar de mis asuntos".
Luis asintió mientras la veía salir de su oficina. Irmina también la observaba, con una mirada inquisitiva. Entonces Luis se apresuró a decir: "Dra. Monroy, Romina debe haber venido con emociones a flor de piel hoy, por eso habló de esa manera. Espero que no lo tome a mal".
Irmina asintió suavemente, diciendo con calma: "No hay problema. Después de todo, este asunto me concierne directamente y es normal que mis colegas se sientan afectados".
Luis asintió, y luego sugirió en voz baja: "Por eso pensé que sería mejor que la Dra. Monroy se tomara un tiempo en casa".
Irmina respondió con determinación: "No me tomaré un descanso. Encontraré la manera de probar mi inocencia, no se preocupe por mí, Luis", y dicho eso, se levantó de la silla.
"Tengo trabajo pendiente, así que volveré a mi oficina".

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